El progresismo argentino en sus diversas formas, cuasi-peronismo, kirchnerismo, socialismo, siempre estuvo presente en la vida politica nacional, algunas veces ostentando el poder y en otras siendo oposición, acérrima, dura, descarnada, muchas veces mendaz y con distracción selectiva.

Entendiendo el progresismo en base a su definición, es la doctrina que defiende y busca el desarrollo y el progreso de la sociedad en todos los ámbitos y especialmente en el político-social.

Es por esto que muchas veces es inentendible el progresismo argentino, puesto que se aleja de su base primigenia y demuestra una profunda simpatía, encantamiento, algunos lo llamaran “amor” por lo regímenes dictatoriales, intervencionistas, violentos y cuantas definiciones mas le puedan caer a gobiernos como el venezolano o el régimen iraní.

En el caso Venezuela, los “referentes progresistas” nacionales optan por una edulcorada diplomacia o directamente por la ceguera selectiva. “Las instituciones democráticas funcionan…” dijo el presidente Alberto Fernández ensayando una explicación para evitar decir que en Venezuela hay efectivamente una dictadura gobernando la vida de millones de personas.

Muerte de civiles en manos de paramilitares, detenciones arbitrarias, desabastecimiento, migración forzada son solo algunas de las características del régimen venezolano que pregona la ayuda social como base de su “gestión” y que se creo dos enemigos que atentan contra el socialismo del Siglo XXI, la oligarquía y el imperialismo, cualquier parecido con la argentina es pura coincidencia.

Otro de los casos paradigmaticos en los que nuestro progresismos prefiere hacer su propia interpretación de las cosas es con el régimen iraní, con el extremismo en algunas de sus formas y con el brazo armado, principal acusado de haber perpetrado el atentado a la AMIA en 1994.

En el caso Irán es cuanto mucho hipócrita la posición adoptada por alguno de sus referentes que optan por el silencio, otros le llamaran complicidad, o el ya exagerado, “respetemos sus tradiciones”, como modo de justificación a las atrocidades que en nombre de la tradición y la religión cometen las autoridades iranies.

Violaciones a los derechos humanos, muerte, persecución, por raza, credo, ideología, orientación sexual, represión a la mujer y cuanta barbaridad se nos pueda ocurrir que cometan las dictaduras, para el progresismo argentino, no existen o se justifican en base a las tradiciones.

Nada más alejado de la búsqueda del progreso y desarrollo que esto. La sociedad argentina o al menos un porcentaje de ella no piensa, prefiere mirar para otro lado o conformarse con la explicación de lideres que lejos están de querer un avance, mas bien buscan el retroceso como forma amañada de perpetuarse en el poder, así… así tal cual como las dictaduras que NO CONDENAN.