OPINIÓN

El teleton(tos) para malvinizar la pandemia

Este domingo, la Primera Dama, Fabiola Yáñez, conducirá un programa solidario, con el fin de recaudar fondos para que la Fundación Banco Nación y la Cruz Roja Argentina ayuden a los centros médicos locales a combatir la pandemia desatada por el COVID-19.

A simple vista, ya hay un número innecesario de intermediarios para hacer llegar los recursos recaudados hasta nuestros centros asistenciales, máxime si se tiene en cuenta que la conductora duerme junto al presidente, Alberto Fernández, no debería ser tan complicado hacerle llegar el dinero que se consiga con la iniciativa solidaria.

Los canales de aire, dejarán de transmitir sus programas habituales para unirse en esta iniciativa solidaria. Todas las emisoras cedieron estrellas de sus respectivas grillas para participar de esta gesta solidaria antigrieta. Marcelo Tinelli colaborará prestando un estudio, nunca dinero, porque él predica mucho la solidaridad, pero no trabaja gratis para nadie y menos mete la mano en el bolsillo.

Decenas de periodistas, conductores, músicos y estrellas se sumaron a esta cruzada, que tiene una clara intención: seguir vendiendo el verso de la épica intervención estatal ante la pandemia del coronavirus.

Vamos a repasar algunos de los rounds de esta pelea que el gobierno quiere presentar como el combate del siglo. Aunque algunos datos nos permitirán desnudar la falacia oficial y nos pondrán al tanto de que una derrota estrepitosa puede estar llegando. Corría el 23 de enero cuando el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, declaró: “No hay ninguna posibilidad de que el virus llegue a la Argentina”.

El 5 de marzo, 40 días después, con el primer caso confirmado en el país el funcionario habló con Marcelo Bonelli en el canal Todo Noticias y aseveró que era “innecesario tanto temor”, por el virus. El 9 de marzo, tuvo que reconocer que sus cálculos habían fallado y que “no esperaba que el virus llegue tan rápido a la Argentina”. Un día después, el gobierno sacaba una insólita resolución, los extranjeros que llegaban al país o las personas que llegaban desde el exterior debían llenar una declaración jurada y establecer un domicilio de contacto.

Hasta ese momento, el aislamiento o la cuarentena no sonaba en los canales oficiales.
Dos días después todo estalló y se estableció la cuarentena obligatoria para quienes vengan de países europeos o China. Ya era tarde, más de 47 mil personas habían ingresado al país y deambulado por la Argentina, sin control alguno.

Después de esta serie de desaciertos terribles del Gobierno Nacional, el jueves 20 de marzo, 15 días después de que Gines Gonzáles García dijera que era “innecesario tanto temor”, se declaró una cuarentena obligatoria por 11 días, que luego se extendería. Pero además, el gobierno lanzó un operativo mediático destinado a borrar al ministro de las primeras planas y a darle a las tardías medidas antipandemia un tono épico al mejor estilo Guerra de las Malvinas.

Comenzaron las publicidades de la “repatriación” de Argentinos gracias a Aerolíneas, que, dicho sea de paso, cobraba el viaje más caro que cualquier otra empresa y que además escondía el hecho de que el Presidente había prohibido, por decreto, que cualquier otra aerolínea aterrice en el país, aun así difícilmente la empresa nacional deje de dar las pérdidas millonarias a las que nos tiene acostumbrados.

Luego vinieron los anuncios televisivos, el presidente en su tono bonachón de coach suburbano, arengando a los jóvenes por Twitter y retando a los malvados “chetos” que violaban la cuarentena, jamás a los incapaces ministros que intentaron frenar un virus mortal con una papeleta.

La épica se rompió a principios de esta semana, cuando se decidió ampliar la cuarentena, sin disponer de una sola medida de auxilio para autónomos, Pymes y monotributistas categoría C en adelante. Otro error estratégico del presidente fue insultar a Paolo Rocca, y tratar de miserables a los empresarios, si bien era dirigido a los millonarios, caló en el corazón de las pequeñas y medianas empresas que tiene que pagar salarios, aún sin facturar un centavo.

Ahí la frase “llegó la hora de ganar menos muchachos” del Presidente, se le volvió en contra. Las cacerolas empezaron a resonar en los balcones para exigir que los políticos se bajaran los sueldos y se rompió la armonía del “todos estamos en el equipo del capitán Beto”.

El golpe de gracia a esta intentona épica resonó esta mañana en la quijada del gobierno, miles de jubilados y beneficiarios de planes sociales, se agolparon en los bancos para cobrar sus magros haberes. Una iniciativa plena de improvisación volteó el velo heroico del equipo del capitán Beto y mostró la cara real de esto. No todos los funcionarios están a la altura de las circunstancias. Por ese motivo, el domingo, Fabiola se calzará los guantes e intentará remontar esta pelea. El resultado es incierto, pero hasta ahora, aunque quieran disimularlo, Alberto pierde por puntos.

 

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