El 15 de marzo, la Policía de Santiago del Estero, encontró el cuerpo de Priscila Martínez, de 15 años, enterrado debajo de la cama de su tío, Rubén Oscar Ávila. La joven estaba desaparecida desde el 23 de febrero, cuando salió de su casa en la ciudad de La Banda y nunca más regresó.

El autor del crimen, confesó el hecho y brindó detalles escalofriantes de cómo mató a la adolescente, durante una videoconferencia con el fiscal Hugo Herrera del Centro Judicial Banda. La indagatoria duró 45 minutos y fue suficiente para que el asesino contara cómo sucedió el aberrante hecho.

Según reveló, buscó en moto a la menor desde su casa el mismo día en que desapareció y la llevó hasta su domicilio, ubicado a tres cuadras. En el inmueble, le pidió que le cosiera un pantalón, a lo que la jovencita accedió. Luego de unos minutos, el imputado regresó con el hilo y aguja y la encontró sentada en la cama.

De acuerdo con su relato, en ese momento se acordó de que la mamá de Priscila Martínez lo había denunciado por robo años atrás, cuando aún era un niño, y decidió vengarse con la adolescente. La golpeó y la tiró de la cama y luego la ahorcó con sus manos. Pese a los pedidos de ayuda y a las maniobras por defenderse, la jovencita falleció.

Lo que sigue al brutal hecho es aún más aterrador. Ávila señaló que tras haber matado a su sobrina, tapó el cadáver con una bolsa y se dirigió a la casa de la mamá de ella donde tomó mate. Según él, en ningún momento intentó violarla, aunque las sospechas crecen día a día.

Luego, regresó a su casa y puso el cuerpo de Priscila debajo de su cama. Asimismo, el homicida reveló que recién una semana después cavó la fosa donde enterró a la menor, tras desnudarla. Los días siguieron normal. Incluso el 9 de marzo salió a bailar con amigos y al regresar a su casa, violó a una adolescente, la atacó a golpes y la tiró en un canal sobre ruta 11 creyendo que estaba muerta.

Por este hecho fue detenido y días semanas después lo vincularon con el crimen de Martínez. Los investigadores comprobaron que intentó despistar a la familia de la víctima enviando una carta, haciéndose pasar por ella, afirmando que estaba embarazada y que no regresaría a la casa.

Gracias a las pistas que lograron recolectar los uniformados, el imputado se vio acorralado y terminó confesando el aberrante hecho. El cadáver de Priscila pudo ser reconocido por su mamá gracias a un tatuaje ya que estaba en avanzado estado de descomposición.