OPINIÓN

El gobierno de la crisis y el default

Por Diego Nofal para La Crítica

El presupuesto adicional que se le asignó a la Secretaría de Cultura no tenía otro fin que blindar mediáticamente al presidente, Alberto Fernández, a través de la pauta oficial que se repartió como pan caliente. Así fue como logramos hacer proliferar el relato de la enorme imagen presidencial, de un país que lo consideraba un líder, de la gran medida de paralizar la economía en lugar de hacer test masivos.

En el medio se coló el tan mentado logro del Conicet de haber logrado hacer un test serológico que permite detectar el COVID-19 en apenas unas horas y la posibilidad de producir 10 mil unidades mensuales, sin mencionar el hecho de que para lograr ese gran hallazgo científico necesitaron recurrir a los profesionales y la infraestructura de la Fundación Leloir, mucho menos se difundió que la fabricación de esos test no están ni cerca de comenzar.

Así de una verdad oculta a la vez lograron construir una imagen que de desmorona cada vez que se ven las eternas colas en el interior para cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia o cuando se hace innegable que las ollas populares se multiplican a lo largo y a lo ancho del país como señal inequívoca de que la crisis es tan grave como la pandemia.

Todas estas se presentaron como verdades irrefutables, pero resulta que a la más mínima brisa, nos encontramos con un sistema de salud pública tan endeble, que nos obliga a vivir 60 días encerrados

El silencio mediático rentado, aún del enemigo cuasi todopoderoso que el kirchnerismo quiso construir en Clarín, no logra tapar las preguntas que todos nos hacemos, ¿El país no creció 8 años a tasas chinas? ¿No eramos una potencia económica y social al nivel de Alemania? ¿No hicimos durante el gobierno anterior lo que no se había hecho durante 70 años?

Todas estas se presentaron como verdades irrefutables, pero resulta que a la más mínima brisa, nos encontramos con un sistema de salud pública tan endeble, que nos obliga a vivir 60 días encerrados, nos topamos con la realidad de niveles de desocupación y trabajo en negro tan elevados que el sistema privado es sólo reservados para unos pocos privilegiados con obra social.

Las realidad es que tenemos un país con una presión tributaria tan alta que beneficia sólo a quienes no trabajan, porque ante este mínimo cimbronazo, nos enteramos que bajar los impuestos en este país es imposible, porque los que sí trabajan deben mantener a quienes no lo hacen y a quienes el estado no tuvo la idoneidad suficiente como para generarle las condiciones para insertarse en el mercado laboral. Como si fuera poco el Presidente se encargo de decirlo en una conferencia de prensa y no hubo un solo medio de comunicación que reparara en ello.

Lo de ayer ya fue una burla, la comparación con Suecia fue pegarnos en la cara. El presidente dijo que quienes querían bajarle los sueldos a la casta política argentina eran la “antipolítica”, lo que nos lleva a la gran pregunta ¿no debería ser LA POLÍTICA, así con mayúsculas el mayor emblema de servicio? ¿Servir a la patria no debería ser el gran pago que tiene un político o es imprescindible ganar arriba de los 200 mil pesos por tener tan magnánimo honor?

Lo que me lleva a un paréntesis, este año se celebrará el aniversario 120 del nacimiento de don Arturo Ilia, un hombre que renunció a su jubilación como presidente porque servir a la patria era un honor que no necesitaba más emolumento que estar inscripto en la historia del país, terminó sus días trabajando en una panadería y militado en el partido. Frente a su recuerdo tenemos un presidente que dice que cobrar menos de 200 mil pesos es “antipolítico” y una vicepresidenta que inició acciones legales para cobrar un doble beneficio, el suyo y el de su marido ya fallecido.

El blindaje que los medios le han dado a estos advenedizos, nunca podrá tapar la realidad, que ser un empleado público que se hizo millonario es en este país más valorable que ser un empresario que da trabajo a una docena de familias en su ciudad, ante la crisis a la Pyme le llegó la hora de ganar menos, al político nunca.

Arturo Ilia nos dejó un recuerdo de lo que fue la política y el amor a la patria Alberto y su séquito de empleados millonarios sólo nos dejará el sabor amargo de recordarlos como el gobierno de la crisis y el default y no habrá pauta oficial, que logre tapar esa realidad.

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