El viernes 8 de mayo en horas de la siesta, pasaron por las aguas del bautismo 13 personas que manifestaron haber creído en Jesucristo, mientras se encuentran privados de su liberta. La ceremonia estuvo organizada por los pastores de dos iglesias evangélicas en la Alcaidía de Varones Banda, provincia de Santiago del Estero.

Este sería el segundo en lo que va del año, en enero último, en un culto similar, 18 personas se bautizaron, como una expresión pública de aceptar a Jesucristo como salvador personal. El acto, sería la demostración de que Dios tiene poder para cambiar vidas, transformando aquellas cosas viejas de la persona en una nueva oportunidad de reinserción social.

Precisamente, la contención espiritual que reciben los internos de parte de los pastores evangélicos, y de otras dos expresiones religiosas que trabajan en el lugar, acompaña y resignifica el trabajo policial. Su objetivo es lograr que el interno, una vez cumplido su tiempo de detención, se reinserte en la vida cotidiana con nuevas formas morales, y en este caso espirituales, para dejar de lado sus actos pasados.

Claro está que en tiempos convulsionados, cuando se habla de motines y revueltas en centro de detención este trabajo mancomunado y solidario constituye un proceso paulatino que se inicia con la manifestación de fe en Jesucristo del interno y continúa con un cambio en esos aspectos de su vida que lo llevaron al encierro.

Indudablemente se consolida, en cambios de comportamiento, como orar y leer la Biblia, lo que ayuda a seguir pautas de conducta en ese espacio carcelario sin alterar el trabajo policial que por su lado, refuerza hábitos sociales y espirituales en los internos.

Es sabido que en lugares de detención, la persona se percibe “abandonada” y busca un poder superior que la contenga, por lo que muchas veces promueve desórdenes y participa de hechos de violencia, sin embargo, en la Alcaidía el clima es otro ya que la asistencia espiritual minimiza la conflictividad entre los internos que se muestran más receptivos a la fe.

Los cambios en áreas tales como la emocional, intelectual, social, psicológica y familiar, son claramente observables por el personal encargado, lo que convierte a ese interno en una persona cuyo comportamiento entre rejas, resulta encomiable.

Esto reduce el conflicto ente actores y le permite a la Policía desarrollar un trabajo imprescindible, más acorde a las necesidades de cada interno, procurar mejores condiciones de vida entre muros, crear alternativas de sociabilidad y buen trato, acompañar a los pastores.

Por eso es menester resaltar que el personal de la Alcaidía interviene activamente en las tareas pastorales para que éstos puedan asistir a los detenidos en las mejores condiciones posibles, y complementando los requerimientos y medidas para respetar sus derechos y garantías.