Familias peruanas.

Hace un año, Karin Alvarado López, de 39 años, salió a comprar caramelos para una fiesta infantil y misteriosamente desapareció. Su familia afirma que la pandemia paralizó los esfuerzos de las autoridades peruanas para encontrarla.

 

“Ella salió de la casa un 27 de agosto de 2019, desde esa fecha la familia no sabemos nada de su paradero”, dice a la AFP el hermano de Karin, Edward Alvarado, quien ha emprendido diversas iniciativas con sus padres para hallarla.

 

La desaparición de mujeres es un problema endémico en Perú. La Defensoría del Pueblo (Ombudsman) dice que el año pasado se denunciaron cinco casos al día en promedio, pero la cifra se elevó a ocho durante el confinamiento nacional obligatorio por el coronavirus, del 16 de marzo al 30 de junio.

 

“Realmente yo me siento totalmente devastado, frustrado con la situación y con las instituciones (del Estado), que no nos brindan ninguna clase de apoyo”, indica Edward, de 37 años, quien vive en el noreste de Lima.

 

Las familias afectadas y ONG feministas dicen que la policía y fiscalía no se molestan mucho en investigar desapariciones. Presumen que estas mujeres se marcharon voluntariamente, sin considerar que Perú tiene altas cifras de feminicidios y que existen redes de trata de personas y prostitución forzada.

 

En febrero, tres semanas antes de que la pandemia irrumpiera en Perú, tuvo gran difusión el caso de Solsiret Rodríguez, de 23 años, universitaria y activista contra la violencia de género desaparecida cuatro años antes, cuyo cuerpo mutilado fue hallado en una casa de Lima.

 

“Una desaparición es un feminicidio, señor, o una trata de personas, ya no es que se fue por voluntad propia, ya no, hoy en día es una nueva forma de quitarle la vida a una mujer”, dice a la AFP la madre de la estudiante, Rosario Aybar.

 

En 2019 hubo 166 feminicidios en Perú y una décima parte de ellos fueron catalogados como desapariciones en un primer momento, según la Defensoría.

 

La madre de Solsiret se queja de que las autoridades no se esmeraron en aclarar el destino de su hija, hasta que un nuevo fiscal tomó el caso.

 

Las indagaciones de este fiscal permitieron encontrar el cuerpo mutilado de la universitaria en la casa de sus cuñados, con quienes ella vivía al momento de desaparecer.

 

La pareja sospechosa fue detenida, pero con la pandemia no hay avances en el proceso judicial, dice Aybar, de 60 años.

 

La misma queja tiene el padre de Karin, Marcelino Alvarado.

 

“Ya estamos por cumplir un año y hasta ahorita no tenemos resultados”, dice este hombre de 64 años.

 

Este mes también se cumple otro aniversario de la desaparición de Solsiret, lo que aumenta el sufrimiento en el hogar de sus padres, en el norte de Lima.

 

A los padres de Solsiret les agrava su pesar que los presuntos homicidas no fueran desconocidos: eran la cuñada de la estudiante y su marido.

 

“El 23 de agosto de 2016 dijeron sus agresores que ella se había ido, que había desaparecido. A partir de esa fecha nosotros, los padres, la buscamos por tres años y medio, luego en (febrero de) 2020 la encontramos, pero sin vida”, dice Aybar con pesar.

 

Los familiares de Karin realizaron marchas, diseñaron pancartas y volantes, crearon páginas en las redes sociales, acudieron a colectivos de apoyo a familiares de desaparecidas, pero no han tenido suerte hasta ahora.

 

La Defensoría dice que 915 mujeres peruanas, el 70% menores de edad, fueron reportadas como desaparecidas durante los tres meses y medio de la cuarentena nacional por la pandemia.

 

“Necesitamos saber qué pasó con ellas”, dice el defensor del Pueblo, Walter Gutiérrez.

 

“Hay una resistencia de la policía en tomar estos casos. Nosotros exigimos que se concluya el registro nacional de personas de desaparecidas”, indica a la AFP Eliana Revollar, responsable de Derechos de la Mujer de la Defensoría.

 

Revollar reconoce que algunas mujeres aparecieron después, pero por falta de un registro nacional, se desconoce cuántas siguen desaparecidas.


Fuente Diario26