Alberto Fernández volvió a variar su estilo personal esta semana: dejó la Residencia de Olivos en la que estuvo recluido varios meses haciendo anuncios a través de Zoom, y visitó una planta de Peugeot, donde abandonó el tono monocorde que caracterizó en los últimos meses al profesor de la UBA.

Efusivo como pocas veces, el jefe de Estado habló de la “maravillosa música” de la “producción” y las “máquinas encendidas” e invocó a llevar adelante un proceso de industrialización y sustitución de importaciones, donde “cada pequeña partecita” de los autos sea fabricada en el país.

Aunque asegura que tiene un botón rojo que puede apretar en cualquier momentos, son pocos los que en el Frente de Todos le recomiendan al primer mandatario dar marcha atrás con las aperturas en todo el país después de 170 días de avances y retrocesos alrededor de una cuarentena que el Presidente asegura que ya no existe.

Ahora, con cientos de miles de casos y un pico que parece más cerca pero nunca llega, el oficialismo ensaya el camino de salida.

El conflicto que se presenta no es tanto en el modelo industrializador que el jefe de Estado propone, sino en cómo se llevará a cabo el mismo mientras los problemas aparecen en infinidad de frentes -inseguridad, tomas, el caso de Facundo Astudillo Castro, los planes sociales, las restricciones fiscales, jubilaciones, la reforma judicial- y en la coalición oficialista no hay un critero unificado de cuáles deben ser las prioridades.

“Está claro que en el proceso que viene ahora puede haber heridos”, dijo a NA un importante dirigente peronista que convive en el heterogéneo Frente de Todos.

Esta semana se vieron los primeros conflictos alrededor de las tomas de tierras: mientras Sergio Berni desfilaba por la televisión apuntando contra los movimientos sociales, estos le decían al ministro de Seguridad que mejor se preocupara por averiguar qué había pasado con Facundo Astudillo Castro.

De todos modos, los conflictos no serán sólo con los movimientos sociales, ya que la pandemia dejó un tendal de heridos que van desde los jubilados hasta los asalariados e incluso un amplio grupo de empresarios que ya dejaron atrás el antikirchnerismo y hoy, de la mano de Sergio Massa, cuentan con línea directa a la Quinta de Olivos.

A ocho meses de tener que volver a presentar listas para competir en las elecciones de medio término, se abre ahora en el oficialismo acerca de cómo llegar mejor parados a la contienda con una fuerte limitación en el horizonte: Martín Guzmán ya adelantó que en 2021 se buscará tener 4.5 puntos de déficit fiscal, lo que significará realizar un importante ajuste en el año electoral.

Lo cierto es que son muchos los dirigentes que se quieren sentar en la mesa del Presidente a dialogar en el camino de salida, que muchos creen que será una oportunidad para reparar viejos problemas de la Argentina.

Con una dinámica de debate que se da día a día, la ponderación de las prioridades quedará plasmada el 15 de septiembre, fecha en la que el Gobierno asegura que presentará el Presupuesto 2021, la “ley de leyes” que dirá, en los números, qué es importante y dónde están los primeros heridos del Frente de Todos.

Fuente Noticias Argentina