SOCIEDAD

Polémica en la Cultura: ¿Por qué Alberto Manguel no dona sus libros a la Biblioteca Nacional que dirigió?

El párrafo anterior no pertenece al libreto de un programa humorístico futuro de Peter Capusotto, que acaba de volver a la televisión pública argentina, ni es un paso de comedia: el acuerdo entre el ex funcionario público argentino y las autoridades culturales portuguesas será anunciado este sábado 13 de setiembre en Lisboa.

La noticia de la decisión de Manguel -¿no hubiese sido lógico y hasta ético que donara los libros que acopió a lo largo de su vida a la misma institución pública argentina con cuya presidencia fue honrado?- cayó como una bomba, atenuada por las consecuencia de la pandemia, en el ambiente cultural argentino.

“Nada me hubiese gustado más”, respondió casi que con sarcasmo esta semana cuando le preguntaron si había pensado en la Argentina como destino final de su biblioteca itinerante. “Pero después de mi experiencia en la Nacional, entendí que, si bien tenemos muchos talentosos especialistas en el tema de la lectura y bibliotecarios especializados, el país no tendría el presupuesto necesario para contratarlos, ni para instalar y mantenerla (…) Sobre todo, en medio de esta crisis.”

Manguel, uno de los argentinos más eruditos de todos los tiempos, fue designado director de la misma Biblioteca Nacional que condujo su mentor Jorge Luis Borges en el mes en que asumió la presidencia Macri, diciembre de 2015, aunque adujo compromisos personales en una universidad extranjera que lo llevaron a empezar a trabajar varios meses después.

Acaso por su visceral anti peronismo, llegó al mismo cargo que alguna vez ostentaron Mariano Moreno y Paul Groussac pero también el facista irredimible Gustavo Martínez Zuviría (que publicaba como Hugo Wast) que intentó recibirse de abogado con una tesis titulada “¿Adónde nos lleva nuestro panteísmo de Estado?”, rechazada por la Universidad “por su falta de rigor académico”

Antes del regreso de Manguel al país, su administración despidió a la cuarta parte de la planta de empleados de la Biblioteca, cuyos trabajadores denunciarían luego que en los primeros cinco meses de labor gastó “más de 400 mil pesos de viáticos en viajes por el mundo”, después de haberse quintuplicado el sueldo que cobraba el Director anterior Horacio González.

En un clima interno enrarecido por las denuncias que lo responsabilizaban de persecución ideológica a los empleados de planta, el funcionario renunció a mediados de 2018, dejando trascender que estaba enfermo de gravedad. Un año después, recuperado de todo mal, lucía a cargo de la curiosa tarea de guía de turistas ricos en una serie de “cruceros literarios” por Italia.

En mayo de año de 2018, antes de renunciar, Manguel había sido protagonista de un papelón histórico: al llegar a la Feria del Libro de Bogotá, en que el suyo era el país Huésped de Honor, se encontró con que los creativos a cargo del Pabellón Argentino habían ideado una escenografía de estadio de fútbol, un deporte con que simpatiza poco, sin que él estuviese al tanto.

“Pido disculpas en nombre de todos los argentinos por el vergonzoso escenario de un estadio de fútbol montado en una fiesta del libro”, atinó a decir. “Celebramos a Borges, Bioy Casares, Alejandra Pizarnik, Cortázar, desde el Martín Fierro en adelante… les pido de nuevo disculpas por ese gesto tan absurdo de populismo”.

Para su antecesor, Horacio González, Manguel fue funcional al proyecto macrista que consistía en minimizar la importancia de la Biblioteca, que sufrió durante su gestión un fuerte recorte presupuestario que aún persiste, pese al cambio de gobierno, según afirma el actual Director, Juan Sasturain, que dice que apenas hay para pagar los sueldos.

“Elogiaba a Mandela, pero llevaba un Macri escondido dentro de sus graciosos sombreritos”, ironiza González. “Elogiaba a Silvina Ocampo -que por cierto se lo merece, gran escritora que fue, al igual que su marido-, pero no podía contener su vocación, sus aprestos de ser autoritario, como única respuesta a su disposición ante los desafíos de un país que tercamente desconocía”.

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Los antecedentes como responsable de una institución al servicio del público parecen no haber llegado a Portugal: la ceremonia que oficializa la donación de los ejemplares de Manguel se desarrollará en el marco de la Feria del Libro de Lisboa, donde se firmará el protocolo entre el escritor y el alcalde de la ciudad, Fernando Medina, que pertenece al Partido Socialista y dice admirarlo.

La colección del inmodesto autor de “Con Borges” incluye obras de literatura y no ficción en las áreas de las artes y las humanidades y formará parte del futuro Centro para el Estudio de la Historia de la Lectura, que funcionará en el señorial Palacio de los Marqueses de Pombal, en la Rua das Janelas Verdes.

Manguel negoció que él mismo dirigirá la nueva institución, que deberá contratar entonces a expertos que cuiden sus libros, que estaban desde hace meses embalados en Montreal, Canadá, a la espera de su destino final, tras haber sido protagonistas, sin saberlo, del ensayo “Mientras embalo mi biblioteca”.

En este trabajo, publicado en 2017, el autor consumó lo que denominó un “obituario conmovedor para una biblioteca”, en la que reseña la “melancólica” tarea de poner en cajas de mudanzas sus ejemplares, que antes, a partir del año 2000, estuvieron en Francia, en una granja que compró y reciclo con su compañero Craig Stevenson,

La historia de la colección de libros de Manguel se fundió en parte con la historia de amor con el profesor Stevenson, al que conoció cuando le pidió que escribiera el prólogo de una antología de literatura que había ideado para la enseñanza en las escuelas secundarias, según narró en su libro “Conversaciones con un amigo”.

“Construir la biblioteca llevó casi un año”, contó en esta obra, publicada en 2011. “Craig se fue diez días y yo me quedé con las últimas cajas de libros. No podía desembalar cada caja e ir pasando los libros a los estantes porque no estaban en orden. Hubo que desembalar entonces todas las cajas (…) al mismo tiempo que se establecía una clasificación. Terminé apilando columnas de libros como esas columnas que se ven en el desierto. No me iba a acostar, me quedaba hasta las dos de la mañana, me levantaba a las seis, me olvidaba de comer; estuve, durante tres meses, en un mundo aparte”.

Al respecto, agregó: “Terminé de ordenar la biblioteca el día en que volvió Craig. Iba a poner música y estaba a punto de escuchar a Wagner. Preparé la primera parte de Tannhäuser y puse en marcha la música en el momento en que entraba Graig. Quedó deslumbrado. Ver la biblioteca ya causaba una impresión fuerte, pero verla con todos los libros en su lugar y con una música fastuosa era absolutamente maravilloso».

Manguel es argentino-canadiense y vivió sus primeros años en Israel, como hijo del Embajador Argentino. La familia volvió al país luego del Golpe de estado de 1955. Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y solo un año en la Facultad de Filosofía y Letras, antes de viajar a Europa, donde vivió en Italia y Francia, entre otros países. Escribió para el diario La Nación, con cuya línea editorial siempre tuvo afinidades notables.

“Siento esto como un milagro”, contó a ese medio esta semana en la nota en que argumentó que “le hubiese gustado” donar sus libros a la Argentina, aunque se los dio a Portugal, donde gobierna el socialismo pero no existe peronismo a la vista. “Recuperaré mi paraíso, en el sentido borgeano de biblioteca, y su resurrección ocurrirá en el país de los antepasados de Borges. Coincidencia más feliz, imposible”, definió.

Fuente Noticias Argentina

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