La columna de Osvaldo Bazán sobre la muerte del Doctor Jesús Amenábar en diario El Sol

Represión, desorientación, soberbia. La manera brutal en que se intentan cumplir los objetivos de impunidad, venganza y choreo de parte de un gobierno sin otro rumbo, es una noria sinfín que cansa a cualquiera que ha vivido los últimos siete días entre mentiras y desmentidas, prohibiciones, bajezas y malestares.

Mientras con un video esperan que 50 millones de personas hagan uno no sabe qué, la vida se nos va. Por eso esta columna hoy va a contar otra historia, la de un hombre valiente y en su nombre, será un homenaje a todos los que no se callan y ofrecen todo de sí, hasta su vida, y que deben soportar incluso ya fuera de este mundo, la perversidad de unos locos con carnet, de un poder insolente que se cree inmortal.

Ese día, el 28 de junio, la noticia no llegó a los diarios nacionales. Los días siguientes, tampoco. Ese día los portales argentinos se regocijaban con declaraciones del Ministro de Coso, Ginés González Coso, que decía que quería que el fútbol volviera lo antes posible, tiraba agosto como fecha tentativa para eso y por si fuera poco además, también confesaba que lo de prohibir los runners porteños era más un gesto que una necesidad epidemiológica.

Ese día, el 28 de junio, no hace aún tres meses, otro doctor, mucho más cercano a los problemas reales de la pandemia levantó el teléfono para hablar con una radio. No, no lo llamaron. Llamó él para decir con voz calma y firme lo que sabía que necesitaba ser dicho y todos callaban. Recorrer hoy esas declaraciones del doctor, después de todo lo que pasó y lo que le pasó, es escalofriante: “La llamo puntualmente por algunas irregularidades que se están produciendo en el Hospital Centro de Salud (Zenón Santillán) que ha sido designado por el gobierno (de Tucumán) como el hospital referencia de Covid, irregularidades que nos parecen un atropello”.

Así comenzaba la charla entre el doctor Jesús Amenábar, en ese entonces aún no contagiado por la peste, jefe de cirugía de ese centro de salud, con la periodista Gladys Omil de Radio Universidad Tucumán. “Se han tomado decisiones del Ministerio sin ningún tipo de consultas, los jefes de servicio y sector están pintados, nadie les ha preguntado nada”. Y comenzó con una descripción apocalíptica de lo que estaba ocurriendo: la ministra de salud de la provincia, Rossana Chahla obligaba a los residentes de cirugía (“11 sobre 14”, dijo el doctor) a realizar tres tareas consecutivas absolutamente contraindicadas: los mismos residentes de cirugía eran obligados a hisopar a pacientes sospechados de covid-19, a atender en guardia externa donde hay pacientes de otras patologías no contagiados de covid y a colaborar en las cirugías. O sea, una orgía de virus desencadenados por el propio personal de salud en el centro de salud de referencia. Había más. Contó también que, pese a que el decreto presidencial no lo decía, en Tucumán, la ministra obligaba a firmar una planilla de libere disponibilidad al personal de salud para poder cobrar las cuatro cuotas de cinco mil pesos del bono de 20.000. “Todavía no dieron el bono -decía a fines de junio- y es una extorsión firmar la libre disponibilidad, es un arma harta conocida por nosotros. La ministra después, si no le gusta tu cara, te puede mandar a cualquier lugar. Es una extorsión”. Sabía de lo que hablaba.

Otro perturbador dato que dio Amenábar en esa nota era que en el Hospital internaban a pacientes asintomáticos de COVID 19: “En todas partes a los pacientes asintomáticos los mandan a hacer su cuarentena en la casa, no en un hospital donde pueden contagiar a otros y al personal de salud. Hay salas con seis pacientes asintomáticos sin barbijos. El argumento es que si no están internados no hacen cuarentena. No cumplir la cuarentena no la cumplen el gobernador (Juan Luis Manzur) ni el vicegobernador (Osvaldo Jaldo) a los que vimos hacer asados. (…) Esos pacientes deberían estar en lugares como los que acondicionó la Sociedad Rural” dijo el doctor. La periodista entonces pregunta por qué cree que esto ocurría, a lo que Amenábar contestó sin vueltas: “La ministra está enamorada del circo, hay que hacer circo”.

Nadie escuchaba al doctor: “Ya se han hecho reclamos, ahora los reclamos no existen, esto es una cosa totalmente autoritaria, desde el ministerio no hay ninguna consulta. Se hace lo que dice la ministra y no se discute nada y lo único que hay que hacer es acatar (…) Todo es un circo, Gladys, esto es un circo promovido desde el ministerio, hay que hacer ver que ellos están trabajando, esto es un caos, no resiste ningún análisis”.

Con el nivel de las denuncias uno podía esperar que la charla terminase aquí, pero el doctor Amenábar tenía algo más para decir: “Quiero comentarle, esto es sabido en Tucumán, que hay punteros políticos y funcionarios y diputados que están trayendo ómnibus y combis desde Buenos Aires sin ningún control, a razón de 50.000 pesos el pasaje. Los trae gente del propio gobierno, y están haciendo dinero a costa de la pandemia y cobran el precio de un pasaje a Europa. Es indignante ver como están usando a los profesionales de la salud para hacer política, para que quede bien el ministerio, para que digan que hacen cosas”. La periodista no se mostró sorprendida, confirmando que el tema era bien conocido en Tucumán. Hasta lo que habría sido el momento de la llegada de los ómnibus denunciados, no había muchos casos en la provincia, por lo demás, férreamente controlada.

Crónica de una peste anunciada, el doctor se contagió en el hospital y decidió internarse allí mismo, pese a que podía elegir cualquier sanatorio privado, al contrario de lo que hizo en su momento el ministro Ginés Coso. A fines de agosto difundió una carta dolorosa, una terrible pintura de época: “Los que me están tratando son héroes y heroínas de la salud. (…) Nadie los conoce. No salen en los diarios. Entran a la boca del lobo a riesgo de morir x Covid y dejar hijos huérfanos, a salvar vida de gente que no conocen. Y por sueldos de 19.000 una empleada de limpieza, 30.000 una enfermera o 70.000 un médico. Juegan a la ruleta rusa en turnos de 8 hs. 3 veces a la semana. El jueves 27 a las 10 murió en la habitación al lado mío una joven de 22 años con una carga viral para matar varias personas. Hizo 3 paros cardíacos. La reanimaron las 3 veces, maniobra en la que la posibilidad de contaminación es máxima.

Un nabo semioligofrénico entra de raso a alguna repartición pública con el único riesgo de desarrollar callos glúteos sentado en un escritorio, acomodado por un puntero y gana 4 sueldos de esa empleada. Este país está perdido. Los quiero a los residentes. Deben estudiar inglés e irse del pais. Esto no tiene arreglo.

Se jubiló Vicente Potolicchio cirujano de excelencia, jefe de cirugía del Padilla. Mejor persona. Trabajó 40 años. Fue a cobrar a la caja de jubilaciones y le dieron su primera jubilacion de $8.500. Y el que le entregó el cheque le dijo serio: “Buena renta” (sic). Este país está perdido.

Ahora los que me están tratando a mí hacen de médicos, enfermeras, kinesiólogos a la vez ejercen de consejeros de ayuda espiritual, filósofos de la vida, dadores de ánimo consuetudinarios, consejeros espirituales. Gente increíble. Asi es esta cruda realidad inimaginable, DIOS BENDIGA ESTOS HEROES ANONIMOS”.

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El sábado 12 de septiembre el doctor Jesús María Amenábar murió en el Hospital donde trabajaba, por las causas que él mismo había denunciado. La despedida de la comunidad tucumana fue emocionante. Centenas de personas, colegas, pacientes, le dedicaron un aplausazo, los videos del momento son conmovedores; los recordatorios llenaron las redes sociales de todo el país y consiguieron que su nombre se nacionalizara. En ese mismo momento comenzó en redes y medios locales una campaña muy fuerte para que el Hospital Néstor Kirchner pase a llamarse “Dr. Jesús Amenábar”.

La ministra Rossana Chahla, blanco de las críticas de Amenábar le dedicó cinco tuits que son un dechado de impostura, en donde habla de los compromisos y los valores del doctor. No recuerda que esos valores son los que hizo que la denunciara, sin recibir respuesta.

Pero el sainete de homenajear a quien se denostó, no terminaría ahí en Tucumán. José Vitar, ex diputado nacional y referente del kirchnerismo tucumano puso el grito en el cielo ante la posibilidad de que el hospital Kirchner cambie su nombre en recuerdo de Amenábar “sin otro fundamento que el de atizar las antinomias”.

Todos se tironean ahora la posibilidad del homenaje, hay tres proyectos de ley en la legislatura para que un hospital provincial lleve el nombre del doctor. Por lo pronto, con una rapidez inusitada, la ministra Chahla le puso su nombre a una sala del Hospital donde trabajó Amenábar, cosa que cayó muy mal en el Sindicato de Trabajadores Autoconvocado de la Salud de Tucumán, donde militaba Amenábar. Tanto que lanzaron un comunicado: “Te equivocaste feo Rossana” en donde dicen: “Hemos recibido con estupor la noticia que por resolución del ministerio de salud se designa con el nombre de nuestro compañero Jesús Amenábar a la sala 10 de cirugía del Hospital Centro de Salud. Parece una medida loable pero NO lo es. Ya está colocada una fría placa con el nombre de nuestro querido amigo y es tan forzada esta decisión de las autoridades sanitarias, que ni siquiera lleva los nombres del gobernador, ni de la ministra, ni del secretario ejecutivo médico del Siprosa. Es sorprendetemente anónima, en una provincia donde es costumbre estampar los nombres de los gobernantes en actos del gobierno con dinero de todo el pueblo. Tampoco se comunicó a su familia, ni se invitó a la comunidad hospitalaria del querido Centro de Salud. Eso NO es un homenaje. Es un insulto a la memoria de nuestro compañero y amigo. Se trata de una burda y evidente maniobra para desestimar el espontáneo y masivo pedido popular que sea el Hospital Néstor Kirchner el que lleve su nombre. El Dr. Jesús Amenábar NO necesita de la falsa adulación de las autoridades sanitarias. Tampoco necesita reconocimientos posmortem de quienes lo trataron en vida hasta de ignorante en materia sanitaria y que jamás lo reconocieron en su prolífica y generosa tarea profesional. Te equivocaste feo Rossana. Estás a tiempo de corregir esta afrenta. Tocan a uno, tocan a todos”.

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No lo respetaron en vida ¿habrá alguna posibilidad de que lo respeten ahora? No hace falta que un burócrata de provincia simule admiración porque ya todos sabemos lo que todos sabemos.

Las provincias están llenas de historias a las que les cuesta cada vez menos ser nacionales.

En San Juan una patota amedrenta a una señora que tuvo el mal gusto de protestar contra el gobierno. El gobernador Sergio Uñac sale por todos lados a decir que no tuvo nada que ver. Sin embargo hasta el momento no lo ha probado y su secretario de seguridad salió a patotear por televisión. El país lo supo.

En Chaco, en Villa Bermejito, un periodista y presidente del PJ local, Luis Mancini, fue atacado violentamente en su programa de radio por denunciar manejo irregular de la obra pública y cobro de IFE por parte de parientes del intendente.

En Santiago del Estero, en la localidad de Selva, la periodista Verónica Gonella de FM Atlantic fue presa 10 horas porque según la policía llevaba el barbijo bajo mientras estaba haciendo una nota. El país se entera.

Mala noticia para los señores feudales: las redes sociales permiten hoy que todos sepamos todos.

Quizás en otros tiempos, la vida y la obra del Dr. Jesús María Amenábar, amante de la música, pianista, docente de cirugía en la Universidad Nacional de Tucumán, con estudios en la Université Kremlin Bicétre y en la Faculté de Sciences de Sorbonne de París, no hubiera traspasado los límites provinciales. Hoy desde un diario de Mendoza puede reivindicarse su historia.

Desde el gobierno, un presidente sin rumbo no para de machacar contra el mérito. Es bastante entendible. No ha mostrado ninguno.

Desde la sociedad civil, cada vez hay más ejemplos de gente que sí cree en el mérito; gente que dice “no” al acomodo burocrático, a las intrigas palaciegas. Que se prepara, que estudia, que enfrenta entramados corruptos y dice lo que debe ser dicho, defiende lo que debe ser defendido.

Gracias, doctor Jesús Amenábar.

Su ejemplo no será en vano.