Alberto Fernández, ¿no será un chingón?


El sorprendente reclamo del presidente Alberto Fernández para que “Córdoba, de una vez por todas se integre al país, para que de una vez y para siempre sea parte de la Argentina, y no esta necesidad de siempre parecer algo distinto”, ha sido correctamente interpretado en clave política y por allí cruzan las masivas reacciones que desde el domingo se vienen escuchando.

De hecho, a una semana de las elecciones legislativas, y con un panorama que para el oficialismo nacional anticipa una nueva y profunda decepción en el distrito, la pedagógica intención presidencial ha sido hacernos reflexionar a los cordobeses sobre la necesidad de votar al kirchnerismo.

Hasta ahí parecería legítimo que en plena campaña electoral una fuerza política pida públicamente que los ciudadanos la voten a ella, y no a las otras que compiten. Todos hacen lo mismo, y es el juego saludable al que nos somete la democracia con la periódica posibilidad de elegir libremente la representación política.

El problema, en los dichos de Fernández, es que también nos dice que si los cordobeses no votamos a sus candidatos, no estamos integrados al país y no formamos parte de la Argentina. Ahí las cosas comienzan a complicarse un poco, porque aun dejando de lado la sorda amenaza de considerarnos ajenos a la patria y a sus símbolos, esas expresiones denuncian un profundo desconocimiento del aporte que desde los albores del ser nacional ha hecho Córdoba, con aciertos y errores, a la historia, la política, la economía, la cultura, el deporte, y todo eso a delinear la identidad de los argentinos.

No hace falta mencionar aquí ese frondoso caudal de nombres propios, acontecimientos, realizaciones, esfuerzos y sacrificios que llevaron y llevan la marca de Córdoba en la vida de la Argentina. Son bien conocidos, a pesar de una organización nacional caracterizada por un feroz e injusto centralismo porteño que contradice el mandato constitucional de que seamos un país federal.

Pero hay algo todavía más preocupante en las expresiones del Presidente, y que se aleja de la confrontación política para entrar en su pensamiento personal, adonde seguramente y como en cualquier individuo, conviven dudas, temores y frustraciones que suelen aparecer en los divanes psicoanalíticos. Fernández dijo que “Córdoba debe ser parte de la Argentina, y no esta necesidad de siempre parecer algo distinto”.

¿Así que para él, todo lo que ha hecho, hace, es y representa Córdoba forma parte de una simulación para “parecer algo distinto”? Distinto es lo contrario a igual. ¿Será entonces que debemos ser todos iguales en pensamiento y obra?

La vocera de la Casa Rosada ha dicho que el presidente “adora a los cordobeses”. No lo parece demasiado. A lo mejor le faltó agregar que lo que adora son los chistes cordobeses. En cambio, y para seguir en el terreno psicoanalítico, podría interpretarse como que el Presidente oculta un íntimo miedo a Córdoba. Y ya que los cordobeses descendemos de los comechingones, ¿Fernández no será un chingón, y por eso nos teme?

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