El peronismo ensaya un plan de contención para Alberto Fernández por si se repite la derrota


El Gobierno debate cómo dar vuelta la página después de las elecciones del domingo, donde buscará revertir la derrota en las PASO. Desde la Cámara de Diputados, Sergio Massa busca acelerar la convocatoria a la oposición para anunciar el mismo lunes el envío de un paquete de leyes de consenso al Congreso y abrirle la puerta a un diálogo político paralizado por la campaña electoral. En la Casa Rosada, mientras un sector mayoritario de la CGT y de los movimientos sociales buscan apuntalar a Alberto Fernández con una movilización prevista para el miércoles, sostienen que el Presidente será el único encargado de definir los tiempos de esa hipotética convocatoria.

El jefe de Gabinete Juan Manzur completaba este viernes una ronda de entrevistas con gobernadores, que también podrían ser invitados en los próximos días a una reunión con Fernández. Fuentes oficiales reconocen que la velocidad del llamado a la oposición y posibles nuevos cambios en el equipo de Gobierno dependerán inexorablemente del resultado del domingo y de que cómo los principales referentes del Frente de Todos asimilen esos números.

La posibilidad de los acuerdos sobre los que esta semana el jefe de Estado conversó con empresarios a solas en Olivos no terminan de explicitarse. La finalidad, sí. El Gobierno pretende tranquilizar el dólar y a la economía -como suele decir el ministro de Economía Martín Guzmán– y fortalecer la posición del Estado argentino en la negociación con el FMI.

Massa había sido el primero en explicitar la idea de plasmar consensos con la oposición. “El Presidente tiene la decisión de hacerlo. Lo hablé con la vicepresidenta. Germinó a partir de una idea que, en su momento, Máximo (Kirchner) planteó por el tema de la deuda”, dijo el tigrense en una entrevista con Infobae. La portavoz de Presidencia Gabriela Cerruti relativizó esas versiones y después se desdijo.

Como informó Clarín, Manzur, entre otros, trabajaba en el relanzamiento al diálogo político postelectoral en el que también participarían empresarios y sindicalistas. La misma propuesta había llegado a Balcarce 50 de la mano de la conducción de la CGT el 1 de octubre. Se trataba ni más ni menos que de reflotar el acuerdo económico y social que el Gobierno empujaba antes de la pandemia.

Manzur y el ministro de Desarrollo Social Juan Zabaleta, el principal armador político del Presidente, visitaron entre el jueves y el viernes a los gobernadores de Salta, La Rioja, Catamarca, San Juan y Santiago del Estero. Junto con sanjuanino Sergio Uñac son parte de los gobernadores del Norte a los que se abrazó Fernández después de la derrota de septiembre. “Son reuniones de gestión, pero también para consolidar la relación política con los gobernadores”, se sinceraron en el Ejecutivo. 

En la Ciudad destacan que ese lote de mandatarios de provincias, en las que vive menos del 10 por ciento del padrón del país, no alcanzarán para que Horacio Rodríguez Larreta se sume a una mesa con el Presidente. El jefe de Gobierno junto con el mendocino Rodolfo Suarez viene de desairar la convocatoria oficial para sumarse al control de precios ordenado por la secretaría de Comercio. En privado, funcionarios del ejecutivo porteño -amigo personal de Massa- reconocen que estaría dispuesto a bendecir el acuerdo con el FMI y a votar el Presupuesto.

“Cualquier propuesta que llegue se discutirá primero en la mesa nacional de Juntos por el Cambio”, señalan en el único distrito gobernado por el PRO. La sola idea de un diálogo político genera cortocircuitos entre los aliados opositores, que recuerdan la experiencia de 2009. Los referentes opositores se reunirán el mismo lunes por la tarde; quizás para entonces haya una respuesta a las incógnitas. “Primero se tienen que poner de acuerdo entre ellos, después vemos. Massa no habló con nadie al respecto”, sostuvo una de las principales espadas legislativas de JxC a propósito de las internas oficialistas.

Algunos ministros nacionales señalan que la presencia de Rodríguez Larreta no es imposible. “Si Alberto tiene una demostración de autoridad, de Presidente, podría sumarse”, afirman.

Ese gesto podría llegar 72 horas después de la elección, el miércoles, cuando la CGT y las organizaciones sociales oficialistas se movilicen para celebrar el Día de la Militancia en Plaza de Mayo. El jefe de Estado fue invitado a clausurar el acto militante. Calculan una movilización de 100 mil militantes. Ambos sectores abrazan a Fernández mientras intercalan reclamos sectoriales, por la inflación y piden más poder de decisión para lo que viene.

La noticia no cayó bien en La Cámpora. La organización de Máximo Kirchner, que tiene cortocircuitos de larga data con los sindicalistas y el Movimiento Evita, planeaba su propia celebración 3 días después. La Cámpora no llevó banderas ni se hizo notar en el cierre de campaña en Merlo. Entre los organizadores para la convocatoria del miércoles perjuran que tenían luz verde de los principales referentes oficialistas y que todos fueron invitados. 

Entre los nuevos pilares del Presidente también hay cortocircuitos. El sector de Camioneros, que conduce el flamante co-secretario Pablo Moyano, ausente en la postergada reunificación sindical y cercano al hijo de la vicepresidenta, no confirmó si su sector acompañará la movilización del miércoles. Está más entusiasmado con el acto de su propio gremio, previsto para diciembre.

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