Vidas paralelas

Alberto Fernández, NA

*Por Sebastián Dumont

Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Alberto Fernández

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Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Elecciones 2021

Alberto Fernández

Sebastián Dumont

Alberto Fernández, NA

*Por Sebastián Dumont

Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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Desde el domingo 14, Alberto Fernández lanzó dos señales muy fuertes hacia el interior de su fuerza política. La primera de ellas la expresó en el acto por el día del militante en Plaza de Mayo y es que las candidaturas en 2023 se definan en internas. La otra, fue el guiño para que los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires avancen en negociaciones para reinterpretar la ley que los inhabilita a más de dos mandatos consecutivos. En este caso, la expresión pública vino de parte de su portavoz, Gabriela Cerrutti. Algo distinto a lo sucedido este miércoles en La Plata, donde no se trató en el amplio encuentro que encabezó Kicillof con los intendentes propios. Algunos se fueron antes. En cada uno de estos movimientos, el Jefe de Estado trata de ordenar la política, pero no está claro si podrá ordenar la realidad. Ambas suelen confrontar de tal forma que acentúan la idea que se viven vidas paralelas en la cúspide del poder. Y también en los principales sectores de Juntos.

 

Como si las urnas no hubieran dado ningún mensaje para tener en cuenta, la dirigencia política se enfrascó en sus propias apetencias y llevó su agenda a los temas de su exclusivo interés. De lo contrario, no se entiende el apuro del presidente en dejar claro que habrá internas en el 2023. Como si él mismo las podría garantizar. Dicho de otra manera, la confusión podría ubicarse en la población que ha mostrado un mensaje elocuente a la política tradicional. Menos votos. Menos asistencia. Y crecimiento de fuerzas alternativas. No existió, esta vez, el voto útil. Primera señal de una dispersión que nadie puede garantizar no se profundice en el futuro. Hay ejemplos muy concretos alrededor. El más reciente en Chile.

 

Interesante analogía es la que plantea el consultor Gustavo Marangoni al comparar el sistema político argentino como las fotos que suelen utilizarse en las aplicaciones de citas. De lejos, la imagen es muy distinta a la realidad. Se intenta mostrar algo que, en definitiva no es y se descubre cuando llega el momento del encuentro. En términos políticos, aquí pareciera que hay dos coaliciones que funcionan con cierto orden, pero detrás del cortinado las internas son cada vez más intensas. Los meses venideros resolverán esa ecuación. Se mantienen, o se encaminan a un cambio morfológico que una los extremos. La política juega peligrosamente al límite de convertir al centro como una alternativa inválida.

 

Algo de eso se plasma en la idea de Fernández al prometer democracia interna, al contrario del dedo de Cristina que lo hizo Presidente. Los quiere a todos adentro, porque sueña que, llegado el caso, él pueda ir por su propia reelección. No esbozarlo ahora lo convertirían demasiado pronto en un “pato rengo”. De eso charla cada vez más con sectores del peronismo bonaerense a quienes visita de incógnito. Lo mismo le pasa a Axel Kicillof que ya no pude oponerse a que se avance en la modificación de la ley votada en 2016 para ponerle punto final a la reelección de los jefes comunales en la provincia de Buenos Aires. Sea por la legislatura o por la justicia, el tema avanzará. Pero no será tarea sencilla. El gobernador sueña que, despejado ese límite, los alcaldes se abocarán a sus territorios y no dedicarán tiempo extra en buscar una salida hacia arriba. Es decir, ir por la gobernación. Es probable que su lectura sobre la vida bonaerense no sea la correcta. Acorde a los términos que suelen usarse en estos tiempos, los intendentes se sienten “empoderados”. La recuperación de medio millón de votos en el Gran Buenos Aires se convirtió en un mensaje potente. Los barones podrían ahora replicar aquellos dichos de Alberto Fernández en 2019 para explicar la génesis de la unidad. “Sólo con nosotros no alcanza, pero sin nosotros no se puede”. Están convencidos que, por si todavía hiciera falta, son clave para la ilusión de cualquier aventura nacional y provincial.

 

El recorrido será espinoso. Apenas planteada la cuestión, surgieron voces a favor y otras en contra. Es sabido que Sergio Massa, impulsor de la ley, no está de acuerdo en cambiarla. El Presidente de la Cámara de Diputados viene haciendo esfuerzos denodados, con mayor o menor éxito, para lograr que su agenda que dio origen al Frente Renovador como una estructura política que represente a la castigada clase media se sostenga. Distinto piensa el Intendente de Tigre Julio Zamora quien manifestó: “Lo que hay que realizar es un análisis jurídico de una norma que se hizo en una coyuntura politica especial: un acuerdo entre el oficialismo (Juntos) y un sector de la oposición (Frente Renovador) con el rechazo de lo que era el Frente para la Victoria. La ley establece un mecanismo de retroactividad que es claramente inconstitucional”. Es interesante el planteo del alcalde porque va sobre una de las problemáticas de explicar con claridad lo que se busca.

 

¿La idea es volver a las reelecciones indefinidas? No. Es sólo interpretar que el primer mandato de la norma sea el presente. Es decir 2019-2023 ya que la ley se votó cuando había comenzado a transcurrir el mandato 2015-2019, aunque el articulo 7 lo deja bien en claro. Casi tres años después se reglamentó donde en el articulo 1 se estableció que para un mandato ser considerado completo deben haber transcurrido dos años de manera directa o alternada en el ejercicio del mismo. Es la puerta que se les abre para quienes piden licencia antes de la mitad del mismo. Ya hay varios casos.

 

Mientras otros intendentes oficialistas y opositores rechazan en público cualquier cambio, hay legisladores que avanzan para encontrar consensos y modificarla. El senador Gustavo Soos (FDT), ligado a Gustavo Menéndez se pronunció en acuerdo a derogar la ley y sostuvo que “el pueblo juzga a sus gobernantes por los hechos y no puede haber limitantes a la decisión popular”.

 

Aún no se ha expresado el núcleo duro de La Cámpora, de quienes se deduce que prefieren mantener las cosas como están. Sin embargo, los ejemplos empíricos muestran lo contrario. En Santa Cruz el Kirchnerismo cambió la constitución para establecer la reelección indefinida. Y en la legislatura bonaerense, votaron en contra de la norma que hoy rige. Nada indique que hayan cambiado de opinión. Mucho menos por el argumento de seguir ganando territorios. A la luz de los recientes resultados, sólo Mayra Mendoza salvó la ropa.

 

No es muy distinto el comportamiento de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Hay quienes empezaron a repartir lo que aún no tienen. Es un juego peligroso que muestra, una vez más la distancia con una realidad implacable.

 

Sólo en el conurbano, la indigencia alcanza al 14,4% de la población, la pobreza al 44,4 %, el desempleo al 11,9% y la informalidad al 31,6%. Pensar en 2023 sin tener en cuenta estos datos es, realmente, transitar por vidas paralelas.


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