El juego de la cuerda es o era un clásico, pero el dramatismo con el que un funcionario destacado del Gobierno lo evoca hace pensar pensar más en la versión del Juego del calamar, la popular serie de Netflix, donde los perdedores -atados entre sí- caen por un abismo que en la inocente versión criolla. “Los pibes no se dan cuenta de que estamos todos atados de un hilo a la cintura del Alberto y que, si se cae él, nos caemos todos atrás”, sostiene uno de los hombres del Presidente, que pasó de promover el albertismo a hablar de las bondades del peronismo territorial ante la inquebrantable negativa del Presidente a ser el principal eje de poder del Frente de Todos.

Los pibes” -por si hiciera falta aclararlo- son los dirigentes de La Cámpora que responden a Máximo Kirchner, quien este jueves pasó por la Casa Rosada junto al secretario general de la organización, Andrés Larroque, para reunirse con su principal delegado en el Ejecutivo, el ministro del Interior Eduardo Wado” de Pedro en el más absoluto hermetismo.

A pesar de los cortocircuitos del oficialismo, en despachos importantes del oficialismo confían en que el nuevo esquema de poder que terminó de sincerarse después de los comicios, con la CGT, gobernadores, organizadores sociales e intendentes alrededor del Presidente. Ese “peronismo territorial” es el que animó la Plaza de Mayo el día de la militancia

, cuando el Presidente fue el único orador y la columna que lideraba Máximo Kirchner siguió el discurso a 100 metros del escenario.

Entre ellos hay varios que se anotan en la pelea para 2023, aunque falte una eternidad: como los gobernadores de San Juan y Chaco, Sergio Uñac o Jorge Capitanich. “Ahora lo que viene es ordenar esa Plaza”, sostiene un intendente que se siente protagonista de la remontada que le permitió al oficialismo acortar la diferencia entre las PASO y las generales, a propósito de un armado ecléctico con intereses cruzados.

En ese nuevo/viejo bloque peronista son comprensivos con los gestos ambiguos de apoyo de algunos mandatarios provinciales que no traducen en palabras explícitas su presunto apoyo incondicional. “Es lo que pasa cuando hay un gobierno con debilidad”, razona un dirigente que compara la situación social y el enojo de la dirigencia con la del estallido de 2001, del que en diciembre se cumplirán 20 años.

En el oficialismo hay coincidencia entre todas las partes de que el rebote de la economía todavía no se siente entre los sectores más postergados. Por eso, como en los últimos años, habrá bonos de fin de año para beneficiarios de AUH y planes de empleo, de mínima.

En ese contexto, en ministerio de Desarrollo Social considerarían un éxito que 100 mil del 1,1 millón de cooperativistas que cobran el salarial social complementario ingresen a la economía formal a través del acuerdo con sindicatos y cámaras empresarias. Para el ministro Juan Zabaleta y para las organizaciones que conviven en su Cartera la solución de fondo es que la economía crezca de manera en el tiempo, como ocurrió en 2004 y 2005. Las proyecciones de la inflación y el fantasma de un otoño como el europeo en materia sanitaria ensombrecen los pronósticos más optimistas.

En el PJ territorial apuestan al acuerdo con el FMI y a la voz de mando de Cristina Kirchnersobreseída en la Justicia– para ordenar a la tropa de su hijo. “Ya no habrá más cartas”, se esperanzan en la Rosada, sobre los desplantes públicos de la vicepresidenta. Insisten en que la ex mandataria dio el visto bueno para que Fernández anunciara el 14 de noviembre el envío del plan económico plurianual. Confían en que el grueso de la oposición apoyará el acuerdo con el FMI y el Presupuesto 2022, que un sector del kirchnerismo ya quiere modificar. “No es poco consenso”, dicen.

Antoni Gutiérrez Rubí había pensado originalmente en que los principales ministros secundaran al Presidente en ese mensaje institucional. Finalmente, Fernández grabó solo ese mensaje. El consultor catalán -que cobró protagonismo entre las PASO y las generales- trabajó a solas con el Presidente en el discurso del 17 de noviembre. Fernández incorporó su disciplina comunicacional y mantendrá sus recorridos intimistas en el Conurbano. Este viernes fue el turno de Florencio Varela, primera escala en ese registro después de los comicios.

Mientras el jefe de Gabinete Juan Manzur hablaba el jueves en público frente a empresarios en la planta baja del Hotel Alvear y elogiaba el carácter pro-empresario del justicialismo; en el piso superior Wado de Pedro daba su panorama -como representante del kirchnerismo- frente a gerentes de compañías españolas con activos en el país.

El ministro volvió a recordar el carácter de “pagadores seriales” de Néstor y Cristina Kirchner, pero aclaró que pretenden un acuerdo “sustentable”. “Desánimo” fue la palabra que se utilizó en la reunión de dos horas y media para describir las expectativas inflacionarias. De Pedro es el primer interlocutor del kirchnerismo con los empresarios. Encabezó charlas en la UIA, en Bariloche y tiene pendiente una invitación de la Fundación Mediterránea, cuna del liberalismo cordobés.

Los gestos de unidad por ahora son silenciosos. Más sonoras son las repetidas imágenes de varios ministros cercanos al Presidente que parecen desafiar la recobrada armonía interna, entre los que sobresalen la desautorización del ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas al secretario de Comercio Roberto Feletti; las fotos de Manzur con el intendente Fernando Gray y su serrucho (una alusión al desembarco de Máximo Kirchner en el PJ) y la inminente charla de Martín Guzmán en la CGT. Un ministro con peso propio se anima a una interpretación temeraria. “Si tirás de los bigotes al león demasiadas veces, al final te come”, se envalentonó. La principal prenda de unidad es por ahora, como en el juego del Calamar o el de la cuerda, un tropiezo fatal.



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