El tobogán de la Argentina: ¿este presente es peor que 2001?

Alberto Fernández, Foto NA

Hace 20 años que el mes de diciembre es especial en la Argentina. La llegada de los últimos 30 días del año viene acompañada de las especulaciones habituales a partir de un contexto social y económico que, salvo en años puntuales, ha consolidado su camino descendente. Un tobogán que aún no encuentra su culminación. En estas dos décadas han gobernado radicales, peronistas y el Pro, partido que surge como consecuencia de la crisis de los tradicionales a partir del estallido del 2001. Hoy ya es parte del establishment político. Cualquiera de los índices que se aborden, muestran a nuestro país igual o peor que en aquellos tiempos. Entonces siempre surge la misma pregunta: ¿Por qué no estalla? La mirada se posa en el Gran Buenos Aires por el recuerdo de los saqueos, pero fue la clase media quién comenzó con las protestas callejeras tras la incautación de sus depósitos. Más tarde, la mecha se encendió en las barriadas y provocó la caída del gobierno de Fernando De La Rúa. ¿Hoy en qué anda la política?

 

La medición de la pobreza para esta misma fecha del año 2001 marcaba el 46% de la población, según las estimaciones que se realizaban en aquellos tiempos. La metodología actual que elabora el Indec medido a partir de los ingresos surgió más tarde, e incluso en 2013 se comenzaron a publicar por distintos aglomerados urbanos. En la actualidad, el último dato disponible correspondiente al primer semestre de este año, ubica al 40% de la población en esa categoría, y aumenta al 44,4% en el conurbano bonaerense. Como se ve, no es muy diferente a los días previos de la crisis que se desató antes del récord de cinco presidentes en una semana. Seis meses más tarde, tras la pesificación asimétrica y la devaluación, el indicador llegó a tocar el 66%.

 

Se pueden ensayar múltiples respuestas al interrogantes sobre por qué ante situaciones similares, la conducta de la población no es la misma. La asistencia social es una de ellas. La voluntad política de los intendentes es otra. El surgimiento de los movimientos sociales, gerenciadores de la pobreza, también ingresa en la lista. El costo es altísimo. El Estado llega a emitir cheques a casi la mitad de la población, distribuidos en distintas alternativas. El sostén de gasto público vía mayores impuestos y emisión monetaria, condena al país a no poder salir nunca de su espiral de deuda. Sea con el FMI o no.

 

La escenografía del conurbano es aún peor que en 2001. En esa geografía donde se hace fuerte el Frente de Todos, existen 1082 barrios populares donde viven cerca de 320 mil personas. Sólo el 4% de quienes lo habitan tienen más de 65 años. De allí se explica pro qué 7 de cada 10 jóvenes son pobres en la Argentina, y sobre todo en el GBA. Las recientes pruebas que publicó la Unesco en relación a la educación no pueden ser otra cosa que las consecuencias de esta realidad. Y eso que no se midió el 2020 donde las escuelas estuvieron cerradas y aumentó la deserción. Lo único que se consolidó en el país en 20 años fue la decadencia.

 

La reacción popular que inauguraron los cacelorazos del 2001 hoy se manifiesta en diversas formas. Las redes sociales son una de ellas, la menor asistencia a votar es otra. Peligroso mensaje. Se pasó del voto bronca a la apatía. ¿Hasta cuándo? Nadie lo puede asegurar. Como tampoco su desembocadura. En la región se consolidan las posiciones extremas con indicadores mejores que en la Argentina. Las elecciones de noviembre quizá hayan, tenuemente, inaugurado un camino hacia una distribución diferente de las fuerzas políticas. Creció la izquierda y los libertarios. Aún lejos de las dos coaliciones preponderantes que, como lectura del resultado, lo único que hacen en mostrar a cielo abierto sus internas y apetencias con destino al 2023.

 

¿En qué anda la política ?

 

En sus propias internas. La semana que viene asumirán los nuevos integrantes de los cuerpos legislativos. En el Congreso Nacional y en las provincias. La rosca pasa por la conformación de las autoridades de los cuerpos y los bloques.

 

La mayor tensión se vislumbra en los ganadores. Juntos por el Cambio se ha encarnizado en disputas que llevarían a la conformación de más de un bloque. En la legislatura bonaerense pasa lo mismo. Un acuerdo no escrito establece que si la presidencia del bloque de diputados es para la UCR, la de senadores debería ser para alguien del PRO. Pero también hay peronistas en Juntos que tienen sus apetencias. En las próximas horas se revelará. Algo es seguro: tras la conformación se incrementarán las tensiones, no aflojarán.

 

Por su parte, el gobierno aún debate los alcances del pronunciamiento de Cristina Kirchner el sábado pasado. El acuerdo con el FMI se hace imperioso porque los dólares en el Banco Central se agotan. En conmemoración del corralito del 2001 se echaron a rodar versiones – sin fundamentos reales – sobe posibles manotazos a los dólares depositados en las cuentas. Las comunicaciones difusas de la máxima autoridad monetaria no ayudan a echar luz sobre la real situación.

 

En ese contexto, Máximo Kirchner se apresta a asumir la presidencia del PJ Bonaerense. Aún no hay fecha para ese momento. El mandato de Gustavo Menéndez culmina el día 21. Por eso, en barrios del conurbano aparecieron las primeras pintadas de respaldo a jefe de La Cámpora. Lo curioso es que las mandó a realizar el presidente del PJ de San Miguel Juan José Castro, muy cercano al canciller Santiago Cafiero. Rarezas de la interna oficial, donde ahora se debate si es pertinente convocar para marzo a las internas distritales para la renovación de las autoridades partidarias.

 

La Argentina se ha convertido en un tobogán por donde se la mire. A pesar de los esfuerzos que puedan realizar ciertos dirigentes, la mayoría de las comparaciones con el fatídico 2001 muestran un claro descenso. Con una particularidad. Hubo ganadores en la decadencia generalizada. Entre ellos, varios integrantes de una nueva oligarquía Argentina: la clase política.

*Por Sebastián Dumont

Periodista de Canal 26


Noticias relacionadas

Advirtiendo sobre riesgos, la OCDE elevó expectativas de crecimiento de la Argentina para este año y 2022


Advirtiendo sobre riesgos, la OCDE elevó expectativas de crecimiento de la Argentina para este año y 2022


Sin Guzmán, el Gobierno envía misión a Washington para


Sin Guzmán, el Gobierno envía misión a Washington para “avanzar” en un acuerdo con el FMI


Economía argentina

Alberto Fernández

Columnista
Sebastián Dumont

Otras noticias

Alberto Fernández, Foto NA

Hace 20 años que el mes de diciembre es especial en la Argentina. La llegada de los últimos 30 días del año viene acompañada de las especulaciones habituales a partir de un contexto social y económico que, salvo en años puntuales, ha consolidado su camino descendente. Un tobogán que aún no encuentra su culminación. En estas dos décadas han gobernado radicales, peronistas y el Pro, partido que surge como consecuencia de la crisis de los tradicionales a partir del estallido del 2001. Hoy ya es parte del establishment político. Cualquiera de los índices que se aborden, muestran a nuestro país igual o peor que en aquellos tiempos. Entonces siempre surge la misma pregunta: ¿Por qué no estalla? La mirada se posa en el Gran Buenos Aires por el recuerdo de los saqueos, pero fue la clase media quién comenzó con las protestas callejeras tras la incautación de sus depósitos. Más tarde, la mecha se encendió en las barriadas y provocó la caída del gobierno de Fernando De La Rúa. ¿Hoy en qué anda la política?

 

La medición de la pobreza para esta misma fecha del año 2001 marcaba el 46% de la población, según las estimaciones que se realizaban en aquellos tiempos. La metodología actual que elabora el Indec medido a partir de los ingresos surgió más tarde, e incluso en 2013 se comenzaron a publicar por distintos aglomerados urbanos. En la actualidad, el último dato disponible correspondiente al primer semestre de este año, ubica al 40% de la población en esa categoría, y aumenta al 44,4% en el conurbano bonaerense. Como se ve, no es muy diferente a los días previos de la crisis que se desató antes del récord de cinco presidentes en una semana. Seis meses más tarde, tras la pesificación asimétrica y la devaluación, el indicador llegó a tocar el 66%.

 

Se pueden ensayar múltiples respuestas al interrogantes sobre por qué ante situaciones similares, la conducta de la población no es la misma. La asistencia social es una de ellas. La voluntad política de los intendentes es otra. El surgimiento de los movimientos sociales, gerenciadores de la pobreza, también ingresa en la lista. El costo es altísimo. El Estado llega a emitir cheques a casi la mitad de la población, distribuidos en distintas alternativas. El sostén de gasto público vía mayores impuestos y emisión monetaria, condena al país a no poder salir nunca de su espiral de deuda. Sea con el FMI o no.

 

La escenografía del conurbano es aún peor que en 2001. En esa geografía donde se hace fuerte el Frente de Todos, existen 1082 barrios populares donde viven cerca de 320 mil personas. Sólo el 4% de quienes lo habitan tienen más de 65 años. De allí se explica pro qué 7 de cada 10 jóvenes son pobres en la Argentina, y sobre todo en el GBA. Las recientes pruebas que publicó la Unesco en relación a la educación no pueden ser otra cosa que las consecuencias de esta realidad. Y eso que no se midió el 2020 donde las escuelas estuvieron cerradas y aumentó la deserción. Lo único que se consolidó en el país en 20 años fue la decadencia.

 

La reacción popular que inauguraron los cacelorazos del 2001 hoy se manifiesta en diversas formas. Las redes sociales son una de ellas, la menor asistencia a votar es otra. Peligroso mensaje. Se pasó del voto bronca a la apatía. ¿Hasta cuándo? Nadie lo puede asegurar. Como tampoco su desembocadura. En la región se consolidan las posiciones extremas con indicadores mejores que en la Argentina. Las elecciones de noviembre quizá hayan, tenuemente, inaugurado un camino hacia una distribución diferente de las fuerzas políticas. Creció la izquierda y los libertarios. Aún lejos de las dos coaliciones preponderantes que, como lectura del resultado, lo único que hacen en mostrar a cielo abierto sus internas y apetencias con destino al 2023.

 

¿En qué anda la política ?

 

En sus propias internas. La semana que viene asumirán los nuevos integrantes de los cuerpos legislativos. En el Congreso Nacional y en las provincias. La rosca pasa por la conformación de las autoridades de los cuerpos y los bloques.

 

La mayor tensión se vislumbra en los ganadores. Juntos por el Cambio se ha encarnizado en disputas que llevarían a la conformación de más de un bloque. En la legislatura bonaerense pasa lo mismo. Un acuerdo no escrito establece que si la presidencia del bloque de diputados es para la UCR, la de senadores debería ser para alguien del PRO. Pero también hay peronistas en Juntos que tienen sus apetencias. En las próximas horas se revelará. Algo es seguro: tras la conformación se incrementarán las tensiones, no aflojarán.

 

Por su parte, el gobierno aún debate los alcances del pronunciamiento de Cristina Kirchner el sábado pasado. El acuerdo con el FMI se hace imperioso porque los dólares en el Banco Central se agotan. En conmemoración del corralito del 2001 se echaron a rodar versiones – sin fundamentos reales – sobe posibles manotazos a los dólares depositados en las cuentas. Las comunicaciones difusas de la máxima autoridad monetaria no ayudan a echar luz sobre la real situación.

 

En ese contexto, Máximo Kirchner se apresta a asumir la presidencia del PJ Bonaerense. Aún no hay fecha para ese momento. El mandato de Gustavo Menéndez culmina el día 21. Por eso, en barrios del conurbano aparecieron las primeras pintadas de respaldo a jefe de La Cámpora. Lo curioso es que las mandó a realizar el presidente del PJ de San Miguel Juan José Castro, muy cercano al canciller Santiago Cafiero. Rarezas de la interna oficial, donde ahora se debate si es pertinente convocar para marzo a las internas distritales para la renovación de las autoridades partidarias.

 

La Argentina se ha convertido en un tobogán por donde se la mire. A pesar de los esfuerzos que puedan realizar ciertos dirigentes, la mayoría de las comparaciones con el fatídico 2001 muestran un claro descenso. Con una particularidad. Hubo ganadores en la decadencia generalizada. Entre ellos, varios integrantes de una nueva oligarquía Argentina: la clase política.

*Por Sebastián Dumont

Periodista de Canal 26


Noticias relacionadas

Advirtiendo sobre riesgos, la OCDE elevó expectativas de crecimiento de la Argentina para este año y 2022


Advirtiendo sobre riesgos, la OCDE elevó expectativas de crecimiento de la Argentina para este año y 2022


Sin Guzmán, el Gobierno envía misión a Washington para


Sin Guzmán, el Gobierno envía misión a Washington para “avanzar” en un acuerdo con el FMI


Economía argentina

Alberto Fernández

Columnista
Sebastián Dumont

Welcome Back!

Login to your account below

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.