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El 13 de abril, la Armada de Brasil rescató de una isla desierta a seis tripulantes del Bom Jesús, una embarcación que había naufragado hace 17 días. Pero no fue la suerte la que llevó a la marina a su ubicación: como en una de las más épicas películas de Hollywood, dos de los tripulantes habían enviado un mensaje de socorro en una botella, mensaje que terminó salvándoles la vida.

Jeferson Marcos dos Santos, uno de los tripulantes del Bom Jesús, estaba desempleado. El brasilero confesó que decidió tomar el viaje en calidad de maquinista para llegar a pagar las cuentas del mes, aprovechando su educación como ayudante de máquina. Pero este rápido redado para juntar unos billetes le saldría más caro de lo previsto.

En la madrugada del 28 de marzo, durante la ruta entre los municipios de Chaves y Soure, en Ilha do Marajó, el mar se tornó en contra de los navegantes. Una fuerte tormenta oscureció el firmamento y sacudió al Bom Jesús fuera de rumbo. En medio del caos, un incendio en la cocina de la embarcación terminó propagándose y alcanzando el compartimiento donde se encuentra el tanque de combustible.

«El capitán trató de controlar el barco para ver si encontraba un lugar cerca de la orilla. Pero después de que el bote comenzó a incendiarse, la solución fue conseguir algunas boyas e intentar nadar hasta una playa cercana«, recordó do Santos, bastante emocionado, para la publicación brasilera.

El lugar al que se refiere Jeferson es Ilha das Flechas, a unos 150 kilómetros de la ciudad de Belém, cerca de donde se hundió la embarcación y donde el grupo permaneció esperando el rescate. Y esperar fue lo que hicieron. Dividiendo las pocas raciones de comida que lograron salvar de la embarcación y tomando agua de lluvia, los seis sobrevivientes pasaron horas y horas mirando hacia el mar, soñando con avistar una embarcación amiga.

Pero los días pasaban, y tanto la comida como las esperanzas de un rescate disminuían. Fue entonces que surgió la idea de oro: Joelson Silva da Costa y el mismo Jeferson decidieron que no tenían nada más que perder, y escribieron un mensaje en una botella. Ataron la botella a una boya, para que pudiera verse más fácilmente y no caiga al fondo del mar, y la dejaron alejarse con la marea.

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Con fecha del 9 de abril, la nota contenía un grito desesperado de ayuda con una indicación de dónde estaba la tripulación: «¡Ayuda, ayuda! Necesitamos ayuda, nuestro barco se incendió. Llevamos 13 días en la isla Flexas sin comer. Notifique a nuestra familia«, decía el mensaje, que terminaba con los números de teléfono de los familiares de los seis tripulantes.

Son muchas las películas transcurridas en el mar que muestran, en un momento, un mensaje en una botella. Lo cierto es que la práctica tiene su presencia histórica: siglos atrás, los navegantes en las zonas fluviales aprovechaban el movimiento del agua para enviar estas cartas. El método era poco confiable y fácilmente reemplazado con nuevas tecnologías, pero a veces no hay nada más efectivo que un truco chapado a la antigua.

Aquella botellita atada a una bolla hizo lo que tenía que hacer: viajó a la deriva por la costa de Pará y, luego de algunos días, fue hallada por unos pescadores que se encontraban en la región costera de la isla. Los marineros siguieron las instrucciones del papel y llamaron a las familias de los extraviados, quienes a su vez se pusieron en contacto con la Armada de Brasil, que hace días buscaba al grupo de náufragos.

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El rescate de los tripulantes fue realizado por el helicóptero Super Cougar, que los llevó a Belém la noche del pasado miércoles. A pesar de estar debilitados, todos gozaban de buena salud. Aun así, fueron atendidos en el Hospital de la 4ª Distrito Naval y luego fueron derivados a la Unidad de Atención de Emergencia (UPA) de la colonia Sacramenta para su posterior análisis.

Los tripulantes de la embarcación fueron identificados como: Antônio Oliveira, ingeniero mecánico; Leilane Carla Ferreira, cocinera; Cristiano de Azevedo, marinero; Joelson da Silva, responsable de la carga; Valdeney Dolzanes y Jeferson Marques dos Santos, maquinista.





Fuente Nuevo Diario