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Se acerca la primera hora de show y Rosalía lee un cartel: “Quiero que me firmes el culo”. La cantante se ríe, dice que bueno, que puede ser. Enseguida canta a capela unos versos de “Alfonsina y el mar”. Florea sus agudos de cantora, cuenta que la sabe desde muy pequeña.  Agarra una de las cámaras y baja al vallado mientras su cara se proyecta en las pantallas en modo selfie. Se abraza a sus fans y canta “La noche de anoche”, el hit acuñado en colaboración con Bad Bunny que la tiene a ella contoneando otra vez sus agudos ahora sobre una base de post reggaetón. Y la secuencia sirve como ejemplo de la dinámica que motorizó la presentación de la cantante española ante un Movistar Arena agotado y que repetirá hoy viernes: un contrapunto constante de estados de ánimo.

“Matsuri-Shake” en off y “Saoko” dieron comienzo al show de Rosalía de casi dos horas
“Matsuri-Shake” en off y “Saoko” dieron comienzo al show de Rosalía de casi dos horasDIEGO SPIVACOW / AFV

“Matsuri-Shake” en off y “Saoko”, ya con Rosalía sobre el escenario, dieron comienzo a un show de casi dos horas que tuvo a las canciones de Motomami (su disco más reciente) como columna vertebral del repertorio. Dos pantallas gigantes a los costados en la que se proyectaba la imagen de la cantante casi en continuado, una central que se mantuvo monocromática durante buena parte del show dando profundidad de campo a las coreografías de los ocho bailarines, y no mucho más. El despliegue escénico fue siempre complemento de la intensidad vocal de Rosalía, sea en las baladas más desoladoras (“Hentai”, que la tuvo al piano como una Regina Spektor políticamente incorrecta capaz de cantar “Siempre me pone delante de esa puta” con un encanto único) o de los reggaetones más bailables (“Despechá”, puesta pegada a los versos de “Gasolina”, para demostrar que es capaz de jugar en la misma liga que los clásicos del género).

Con la idea de la Motomami como metáfora de empoderamiento femenino, Rosalía probó estar consagrada como una de las estrellas pop del momento. El concepto del disco la excedió al punto de volverse neologismo. Si el origen de la expresión se remonta a la vieja dirección de mail de una amiga, ahora Motomami es remera, bandera, meme y estado de ánimo, personalidad, forma de plantarse frente al mundo. Abrazada a la intensidad, Rosalía se movió sobre el escenario con la solidez de una artista que sabe a dónde va y no tiene ningún tipo de reparo en improvisar curvas y contracurvas. Su pop de corte pluricultural la muestra española de tiempo completo, con el flamenco como color distintivo, pero también capaz de absorber imaginario oriental, reggaetón centroamericano, alguna guitarra eléctrica alternativa y halagar la música argentina y fantasear con “hacer un tema inspirado en la música de Piazzolla”.

Rosalía se movió sobre el escenario con la solidez de una artista que sabe a dónde va
Rosalía se movió sobre el escenario con la solidez de una artista que sabe a dónde vaDIEGO SPIVACOW / AFV

Al menos tres veces Rosalía lloró sobre el escenario del Movistar Arena, las tres veces se secó las lágrimas, amplió su sonrisa y se despachó con un tema bailable y coreografiado. Como si estuviera traduciendo a música la frase mitad invitación a la resiliencia mitad al meme viral que dice: “Una lloradita y a seguir”. Y el final no fue la excepción. En “Sakura” fue hasta el límite del dramatismo, con un plano detalle de sus dientes en la pantalla, y en “CUUUUuuuuuute” se adentró en sus graves para terminar agitando sus rulos sobre un beat tecno tribal. R de Rosalía. R de recital.

Rosalía sorprende con su cambio de ‘look’ más radical

Tras dar por terminado su paso por España, Rosalía ya se encuentra de gira en Latinoamérica, dónde acaba de presentar sus canciones ante el público brasileño. Sobre el escenario de São Paulo, la cantante catalana estrenaba un nuevo look rompedor que no dejó indiferente a nadie y que demuestra que está totalmente entregada a la estética Motomami.

La intérprete de ‘Despechá’ se ha atrevido con una melena bicolor, en la que están presentes los dos colores que ya habíamos visto antes en su pelo, rojo y negro. Una mezcla muy llamativa que luce con un peinado liso, la raya en medio y un par de trenzas a cada lado para enmarcar su rostro.

Además, la artista se atreve con una de las tendencias actuales más polémicas, las cejas decoloradas. Con ello logra que pasen totalmente desapercibidas, para poder dibujar sobre su frente unas cejas falsas oscuras con un trazo muy fino y arqueado.