La temporada 2022/2023 no comenzó de la mejor manera para Mauro Icardi. Con la llegada de Christophe Galtier a la dirección técnica del París Saint-Germain en reemplazo de Mauricio Pochettino, el delantero perdió lugar en la consideración al punto que fue declarado transferible y hasta quedó marginado de los convocados para el inicio de la Champions League contra la Juventus.
Sin minutos en cancha juego y con el mercado de pases a punto de finalizar, su representante y esposa Wanda Nara se movió con rapidez para tratar de cerrar su arribo a un nuevo club. Así las cosas todo parece indicar que el argentino se convertirá en flamante refuerzo del Galatasaray de Turquía, a préstamo por un año.

Sin embargo, para que la operación se concrete, Icardi puso sobre la mesa algunas exigencias para firmar su nuevo contrato: chef personal en su nueva casa de Estambul, seguridad las 24 horas para él y su familia y mantener el salario que percibía en el PSG, una cifra cercana a los 10 millones de euros anuales, que se repartirán a medias entre el conjunto turco y el cuadro de la capital francesa.
Ante la dificultad de hacerse un hueco en el equipo titular producto de las presencias de Messi, Neymar y Mbappé, Icardi manifestó sus intenciones de cambiar de aire desde un principio. La principal traba para su salida siempre tuvo que ver con su importante sueldo, impagable para la mayoría de las instituciones del fútbol europeo. En el Galatasaray esta cuestión habría quedado solucionada.
El rosarino de 29 años tiene contrato en el París Saint-Germain por dos temporadas más, aunque Wanda nunca descartó la posibilidad de emigrar mediante una venta. “Hay varias propuestas. Puede ser en este mercado o en el próximo“, sostuvo hace poco tiempo. Incluso habló sobre un hipotético desembarco en la Argentina: “A mí me encantaría que jugara en la Argentina. Yo soy de River, pero si tiene que jugar en Boca, gritaría también los goles”, concluyó.
