Lucila -popularmente conocida como La Tora, dentro de la casa de Gran Hermano– terminó llorando sin poder contener la angustia el último fin de semana después de que su pareja, Nacho, le cortara el pelo. La joven usa un lado de su cabeza totalmente rapada, de manera tal que se luzca el tatuaje que tiene allí, pero a su novio “se le fue la mano” con la máquina de afeitar y le sacó más cabello del que ella hubiera querido.

Todo se vio a través de un informe que emitieron en la gala del domingo por la noche -en la que se terminó yendo Camila, la hermana de Julieta-. Allí, mostraron a la pareja en el baño de la casa más famosa del país y a Nacho con la espuma de afeitar retocando el peinado de su novia.

“Siento que no le estoy sacando nada”, aseguró él mientras lavaba la espuma de la rasuradora. “Le voy sacando, pero esta parte de acá arriba es como que…”, agregó mientras seguía afeitándole la cabeza a su pareja.

En otra secuencia, ya aparece La Tora en la habitación junto a CamilaJulieta y su hermana, y les expresa su inquietud por su nuevo look. “¿Notan algo raro del rapado?”, les preguntó. “Está más derecho de lo normal, pero para mí como que ¿puede ser que te agarró un poquitito más acá?”, le comentó Camila señalándole. Y La Tora asintió, con un exabrupto: “Lo noto más arriba, boluda, que otras veces”.

“Está más arriba”, ratificó Camila. De inmediato, la hermana de Julieta se acercó a ver de cerca el look y se quedó cruzada de brazos, sin emitir opinión. “No lo quiero subir más, boluda. Y se le fue la mano.

Me siento calva, boluda”, lamentó La Tora.

De inmediato, Julieta se acercó a su compañera, inspeccionó el peinado y ratificó los dichos de las presentes. “Está más arriba”, dijo haciendo referencia a que le habían quitado más cabello de un lado de su cabeza. “Te la mandaste”, agregó.

Una vez que apareció Nacho en la habitación, Lucila no dudó en hacerle saber su disgusto sobre el corte. “¿A ver?”, quiso volver a mirar el joven, mientras notaba la angustia de su pareja. “Quiero llorar”, se sinceró ella y se tapó la cara con una toalla. “No, Lu. No te queda mal, para nada”, intentó consolarla Camila. “Lo noto muy arriba”, siguió ella mientras se veía al espejo y tocaba su cabello.

Tras el llanto, Julieta también se acercó a abrazar a la joven que no podía ocultar su tristeza. Nacho se quedó a su lado, pero callado, buscando acompañarla a su manera. Luego, mostraron una charla que tuvo con su padre, Rodolfo, en el jardín mientras vigilaban la comida que tenían en la parrilla. “¿Le corté mal?”, le preguntó a su padre, quien le respondió con franqueza: “No, pero no mantuviste la línea. En vez de hacerlo un poco recto, de repente hiciste un poco más y por eso no quedó recto. No quedó como… Pero bueno, no pasa nada”. Y terminó dándole un beso al joven que intentó explicar lo que había querido hacer con el corte.

En otro momento, Lucila y Nacho se sentaron en la galería a charlar de lo sucedido, y ella le aclaró que él no había sido responsable de su angustia. “No, no fue tu culpa. O sea, es algo que le puede pasar a cada uno. El problema soy yo, pero por ponerme mal yo. No fue tu culpa”, repitió. “Igual te queda lindo. Posta, yo no lo noté”, consideró Nacho mientras la miraba a los ojos y ella lo abrazó y le dio varios besos.

“No pasa nada”, insistió La Tora buscando dejar de hacer referencia a su peinado. “Pero te queda bien, para mí está igual. Perdón, pero te quedó bien para mí. ¿Me perdonás”, le dijo mientras Lucila seguía dándole besos. “No pasa nada. No fue tu culpa. No te tengo que perdonar nada”, agregó la participante.

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ASEGURAN QUE RODOLFO DE GRAN HERMANO 2022 FINGE SU ACENTO ESPAÑOL EN CÁMARA

Mientras compartí la mesa con los otros participantes, a Rodolfo se le escaparon algunas frases en perfecto “porteño”, aunque luego quiso disimularlo retomando su acento español como por arte de magia, pero para ese momento ya había sido captado por la transmisión.

El video se viralizó de manera inmediata en las redes junto con otro en el que Nacho, por entonces de 19 años, camina al lado de su padre por la calle bromeando sobre su incapacidad para aprender las tablas de multiplicar.

“¡Diecinueve años y no sabe las tablas!”, se lo escucha decir a Rodolfo, sonriente y con un perfecto acento local. Y la escena se repite una y otra vez cada vez que el estilista trata de corroborar que su hijo sepa diferentes combinaciones.

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