Para que tus plantas se desarrollen fuertes y sanas es necesario nutrir la tierra donde fueron sembradas. Muchos optan por comprar productos preparados, pero los desechos orgánicos que acumulamos a diario también pueden ser excelentes para esta función.
Existen dos tipos de fertilizantes: los químicos y los orgánicos. Los primeros son nutrientes preparados generalmente con nitrógeno, fósforo y potasio; mientras que los segundos están hechos a base de desechos naturales proveniente de frutas, verduras, cáscaras y otros materiales naturales del mismo jardín.
Entre sus beneficios están que el compost hace que las plantas y cultivos crezcan en un suelo fértil y equilibrado, las frutas y verduras que siembres en tu jardín tendrán un sabor más exquisito; mientras que las plantas y flores crecerán más fuertes y frondosas.
Por otro lado, destinar todos los desechos orgánicos a tu huerto también tiene un sentido ecológico, ya que estás reduciendo prácticamente la mitad de la basura que acumulás a diario.
