Nuestro estado de ánimo también se refleja en la piel, que acusa de forma especial los malos momentos. Esto ocurre a través de lo que se conoce como eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, que se activa durante las situaciones de estrés o ansiedad.
Este sistema genera cambios biológicos que afectan directamente la función y apariencia de la piel, como:
Hormonas del estrés: el cortisol aumenta la producción de sebo, favoreciendo el acné y empeorando otras afecciones cutáneas.
Inflamación: las citoquinas proinflamatorias liberadas por el sistema inmunológico afectan a enfermedades como psoriasis, dermatitis y rosácea.
