La respiración es automática, pero no siempre eficiente. Cuando respiramos mal —muy rápido, solo con el pecho o de forma superficial— el cuerpo se oxigena menos y se agota más rápido, aunque no lo notemos.
Mejorar la forma en que lo hacés puede ayudar a tener más energía, relajarte, dormir bien, bajar la ansiedad, tener más energía durante el día y concentrarte mejor.

Señales de que no estás respirando bien:
