Durante los meses fríos, la piel pierde más agua por la exposición al viento, la calefacción y el lavado frecuente con agua caliente. Como las manos tienen menos glándulas sebáceas que otras zonas del cuerpo, se resecan con facilidad y pueden agrietarse, picar o volverse ásperas al tacto.
El frío, el viento y los cambios bruscos de temperatura pueden dejar las manos secas, tirantes o agrietadas. Si no te gustan las cremas densas o grasosas, que dejan sensación grasa o tardan en absorberse, hay otras opciones más livianas pero efectivas de mantenerlas suaves e hidratadas.

1. Usar sérums o emulsiones livianas
