Cuando hace frío, la sensación de sed disminuye, pero el cuerpo sigue necesitando agua. En invierno transpirás menos, pero igual perdés líquidos a través del sudor, la orina y la calefacción. Tomar agua solo cuando tenés sed puede no alcanzar para mantenerte bien hidratado.
¿Por qué no sentís sed en invierno? El frío afecta la percepción de sed: los vasos sanguíneos se contraen, hay menos sudoración visible y el cuerpo no envía señales tan claras como en verano. Además, se prioriza conservar el calor, no tanto el agua. Pero eso no significa que el cuerpo no la necesite. De hecho, podés estar deshidratado sin darte cuenta.
¿Qué pasa si no tomás suficiente agua?
