La muerte violenta de Fabián Gutiérrez, ocurrida en julio de 2020 en El Calafate, reactivó entonces una ola de sospechas y teorías conspirativas en plena pandemia. Su cuerpo, hallado semienterrado y con signos de tortura en una vivienda del barrio Aeropuerto Viejo, volvió a colocar su nombre en el centro de una causa que ya lo tenía señalado: la investigación de los cuadernos de las coimas.
Por su rol como exsecretario de Cristina Fernández de Kirchner y por la información que había aportado como arrepentido, muchos se preguntaron si su asesinato estaba vinculado con lo que sabía. Con el paso del tiempo, esa hipótesis cayó por tierra, pero su declaración permanece como uno de los relatos más delicados del expediente.
En 2019, antes de su muerte, el ladero de la expresidenta había sido enviado a juicio por el fallecido juez Claudio Bonadio, acusado de colaborar en el presunto circuito de recaudación ilegal que habría manejado la cúpula kirchnerista.
La Oficina Anticorrupción incluso pidió imputarlo como integrante de una asociación ilícita. Aunque la investigación avanzaba, su muerte extinguió su responsabilidad penal y dejó su confesión fuera de los debates orales que ahora se desarrollan en Comodoro Py.
