La interna del kirchnerismo atraviesa uno de sus momentos más delicados y ya no se limita a diferencias discursivas o disputas silenciosas por liderazgo.
Los recientes episodios de tensión registrados en Quilmes y Lanús, dos municipios gobernados por intendentes de La Cámpora, abrieron un nuevo frente de conflicto que expuso con crudeza la fragmentación del espacio en el conurbano bonaerense.
Lo que comenzó como un cortocircuito político entre la intendenta quilmeña, Mayra Mendoza, y el dirigente social Juan Grabois por una ordenanza municipal, escaló rápidamente hacia un escenario más complejo.
Las manifestaciones protagonizadas por organizaciones sociales en ambos distritos derivaron en incidentes, acusaciones cruzadas y sospechas que ahora alcanzan directamente al gobernador Axel Kicillof y a su armado político.
