La Justicia desbarató una organización delictiva dedicada a extorsiones virtuales que funcionaba desde el interior de penales bonaerenses, tras una investigación impulsada por el suicidio de Rodrigo Andrés Gómez.
El joven, un soldado voluntario de 21 años que custodiaba la Quinta de Olivos, se quitó la vida agobiado por los “aprietes” de la banda liderada por el preso Tomás Francavilla. La trama se descubrió luego de que la jueza Sandra Arroyo Salgado ordenara a la División Homicidios de la Policía Federal peritar el celular de la víctima, donde se hallaron las pruebas del hostigamiento.
El modus operandi de la banda consistía en simular autoridad policial para abrumar a las víctimas con falsas acusaciones de delitos graves. Francavilla se hacía pasar por un subteniente de la DDI de San Justo y utilizaba ruidos de moduladores policiales de fondo para dar veracidad al engaño.