En el maquillaje, muchas veces el foco está puesto en los productos, pero saltear la preparación de la piel puede cambiar por completo el resultado, ya que influye en cómo se aplica, cómo se asienta y cuánto dura, haciendo que incluso un buen producto no se vea como esperabas. Ese paso previo es más importante de lo que parece.
Si el cutis no está limpio o hidratado, el make up puede aplicarse de forma irregular, marcando zonas secas o acumulándose en ciertas partes, lo que afecta el acabado desde el inicio.
Por eso, preparar la piel ayuda a que la superficie esté más uniforme, lo que permite que el maquillaje se deslice mejor y se integre de manera más pareja, evitando parches o diferencias de tono.
