No todos los sonidos se perciben de la misma manera: mientras algunos pasan desapercibidos, otros resultan especialmente molestos, incluso aunque no sean muy fuertes, y esto no depende solo del volumen, sino también de cómo el cerebro interpreta ciertas frecuencias, contextos y asociaciones. Esa reacción tiene más de mental que de auditiva.
La sensibilidad a ciertas frecuencias
Algunos sonidos, como los agudos o repetitivos, tienden a generar más incomodidad porque el oído y el cerebro los procesan como señales de alerta, lo que hace que se vuelvan difíciles de ignorar.
La repetición
