Es bastante común notar que ciertas molestias, como el dolor de espalda, la tensión en el cuello o la pesadez en las piernas, se vuelven más evidentes hacia el final de la jornada. Aunque durante el día pueden pasar desapercibidas, a medida que avanzan las horas suelen hacerse más notorias, y esto tiene una explicación relacionada con la forma en que el cuerpo responde al esfuerzo acumulado.

A lo largo del día, músculos y articulaciones están sometidos a distintas cargas, ya sea por permanecer mucho tiempo en una misma posición, caminar, levantar peso o incluso sostener posturas poco favorables. Esa exigencia continua puede generar fatiga muscular y una mayor sensibilidad en ciertas zonas, lo que hace que las molestias se perciban con más intensidad al caer la tarde o por la noche.