La sensación de frescura que produce una bebida no depende únicamente de su temperatura, ya que intervienen distintos factores que modifican cómo el cuerpo y el cerebro interpretan esa experiencia. Por eso, algunas opciones pueden resultar mucho más refrescantes que otras incluso cuando se consumen igual de frías.
El papel de la temperatura y la textura
Las bebidas frías suelen generar alivio inmediato porque ayudan a disminuir la sensación de calor en la boca y la garganta, aunque la textura también influye. Las preparaciones más livianas o con gas, por ejemplo, suelen percibirse como más frescas que aquellas más densas o cremosas.

