Un mismo rubor puede ofrecer resultados muy diferentes según cómo se aplique. En algunas personas aporta un aspecto fresco y saludable, mientras que en otras puede verse demasiado intenso o poco uniforme. La diferencia no siempre está en el producto, sino en pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos.
Uno de los más importantes es el punto exacto donde se coloca, ya que adaptar la aplicación a la forma del rostro puede ayudar a conseguir un acabado más armónico y favorecedor.
Durante mucho tiempo se popularizó la idea de sonreír y aplicar el rubor únicamente sobre las mejillas. Sin embargo, muchos maquilladores explican que la ubicación ideal puede variar según las facciones y el efecto que se busque. Llevar el producto ligeramente hacia los pómulos suele generar un aspecto más elevado, mientras que concentrarlo en la parte central de las mejillas aporta un efecto más fresco y juvenil.
