Lo que se ve en la cancha de un equipo fútbol generalmente refleja lo que no se vé puertas para adentro, ya sea para bien o para mal. Este Mundial de Estados Unidos, México y Canadá nos ha dejado en este casi mes de competición algunas enseñanzas.
Por ejemplo, lo que mal arrancó, mal acabó en la Selección de Portugal. Aquella extraña declaración João Neves sobre Cristiano Ronaldo en el pálido debut ante Congo, fue una pequeña muestra de las internas con las que convivía el plantel de Robert Martínez.
Días después, la selección llamada a ser la revelación del campeonato del mundo por su exponente plantel (Vitinha, Neves, Bruno Fernándes, Ronaldo, João Felix, Bernardo Silva y Rafael Leão) se despidió en octavos ante España casi sin atacarlo.
En Brasil pasó algo similar aunque el golpazo fue más fuerte porque la eliminación viene de un país que disputó su último Mundial hace 28 años: la Noruega de Erling Haaland.
En la previa el drama lo puso Neymar Jr y su constante presión de jugar el torneo, a pesar de que ya en el campeonato brasilero su cuestión física era una alarma. Luego le llegaron las críticas a Carlo Ancelotti por los escasos minutos a Endrick en el torneo, quien falló ante los nórdicos al igual que Bruno Guimarães.
No hay unión
Así como se ve la hermandad en la Selección Argentina, con la impronta de Lionel Scaloni como mentor del grupo, cuesta verlo en otro equipo. El avión que partió de Brasil a Estados Unidos ilusionado con el ‘Hexa’ -incluso fue bautizado-, solo regresó con un jugador tras la dolorosa eliminación.
Danilo, el futbolista del Flamengo, fue el único que viajó con la delegación. Otros prefirieron quedarse en suelo norteamericano o marcharse a destinos como Ibiza, dejando mucho que desear como grupo y también como jugadores.
