Cuando un partido es parejo, quedan pocos minutos para el final o se define por penales, no son pocos los hinchas que sienten que el reloj avanza mucho más despacio de lo habitual. Aunque el tiempo transcurre exactamente igual, el cerebro puede modificar la forma en que lo percibimos.
La explicación está relacionada con la atención y las emociones. Durante situaciones que generan expectativa o nerviosismo, el cerebro procesa una mayor cantidad de información y permanece en un estado de alerta. Esa sensación de estar pendiente de cada detalle puede hacer que el paso de los minutos parezca más lento.

Otro factor importante es la incertidumbre: cuando no sabemos cuál será el resultado de una jugada o cuánto falta para que termine el encuentro, la percepción del tiempo suele alterarse. Algo similar puede ocurrir mientras se espera una noticia importante o antes de rendir un examen.
