Para algunos la bandera de la polémica, para otros la de lucha y constante reivindicación, para todos: la histórica bandera de las “Malvinas son Argentinas” que se coló al Mercedes-Benz Stadium de Atlanta y que los propios jugadores la plantaron en la cancha.
Pese a las advertencias de la FIFA, el manto sagrado pasó los distintos operativos de seguirdad y fue la única que logró ingresar al estadio, presente en el Argentina 2-1 Inglaterra que valió una final del Mundial y pasará a la historia de los libros.
Todo nació en la imaginación de un grupo de hinchas argentinos la noche previa al partido con los ingleses. A sabiendas de que la organización no permitía mensajes “políticos” y a la advertencia de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, de que habría controles especiales para impedir alusiones a la Guerra
La improvisación en un hotel de Atlanta solo bastó con una sábana blanca y un tarro de aerosol negro. Antes de ser retirada por la seguridad la misma fue lanzada a la cancha en los festejos de los jugadores de la Selección Argentina: el resto es historia, la recogió Giovani Lo Celso y la extendió en el césped, dejando una de las imágenes más virales de los Mundiales.
Para el temor de los ingeniosos que se jugaron su entrada a la cancha, escondiendo la bandera en cada anillo de seguridad, uno de los mozos de la Selección Argentina llevó tranquilidad, ante la posibilidad de haber caído en manos del enemigo:
“A quien corresponda… ¡Está en buenas manos!” fue el mensaje de Patricio Sauber.
El mentor de la historia pidió que se aguardará su anonimato: sueña con ingresarla a la final que disputarán Argentina-España y quiere volver a tenerla en sus manos…
