El partido terminó, la televisión ya está apagada y, sin embargo, el sueño no aparece. La cabeza sigue repasando las jugadas, los goles y las situaciones más importantes del encuentro. Aunque parezca extraño, esta dificultad para relajarse después de una final o un partido emocionante tiene una explicación relacionada con la forma en que el organismo responde a las emociones intensas.
Durante el juego, el cerebro permanece atento a lo que ocurre y procesa constantemente información. La expectativa, los nervios y la incertidumbre pueden mantener al cuerpo en un estado de activación durante varias horas. Por eso, cuando termina, la emoción no desaparece necesariamente de manera instantánea.

Una de las sustancias que intervienen en esta respuesta es la adrenalina, que prepara al organismo para reaccionar frente a situaciones que interpreta como importantes. Como consecuencia, puede aumentar la frecuencia cardíaca, la tensión muscular y el nivel de alerta. Aunque el partido ya haya culminado, el cuerpo puede necesitar un tiempo para volver a su estado habitual.
