Las papas al horno pueden quedar doradas por fuera y tiernas por dentro, pero conseguir esa textura depende de varios detalles que empiezan antes de encender el horno. El exceso de humedad, una bandeja demasiado llena o una temperatura insuficiente pueden hacer que los trozos terminen blandos en lugar de crocantes.
Uno de los primeros pasos consiste en cortarlas en tamaños parecidos para que se cocinen de manera uniforme. Después de lavarlas, es importante secarlas muy bien con un repasador limpio o papel de cocina. Cuanto menos agua quede en la superficie, mayores serán las posibilidades de que se forme una capa dorada durante la cocción.
Otro recurso consiste en dejarlas unos minutos en agua fría después de cortarlas y luego secarlas cuidadosamente. Este paso puede ayudar a retirar parte del almidón superficial, aunque después resulta fundamental quitar toda la humedad antes de condimentarlas y llevarlas al horno.
