Pocas veces se ha visto en los certámenes de la Copa Libertadores y Sudamericana, más todavía si hablamos de instancias decisivas, que un equipo no pueda resolver donde jugar y hacer de local.
Eso es lo que vive hace poco más de dos semanas el Vasco Da Gama de Brasil, rival de Boca Juniors en una de las llaves de la semifinales de la Sudamericana. La situación es tan compleja que hasta se habla de qué el equipo salga de Río de Janeiro.
Ante el impedimento de jugar en su cancha, São Januário, con capacidad para 22 mil personas cuando el mínimo requerido por la CONMEBOL es de 30.000, la idea de trasladar el partido al Maracaná fue negada por la concesionaria Fla-Flu (administrada por Flamengo y Fluminense, ambos en semis de Libertadores).
El equipo de los argentinos Santiago Sosa y Facundo Colidio tampoco quieren jugar en el Nilton Santos de Botafogo, Río de Janeiro, debido a su césped sintético. Toda esta situación llevó a poner en la mesa de discusión, trasladar el partido a una de las ciudades más húmedas del mundo.
El Arena da Amazônia, Manaos, a casi 3000 mil kilómetros de Río, es la opción que pusieron los dirigentes del Vasco Da Gama sobre la mesa: en el norte brasileño a días de hoy se manejan temperaturas que rozan los 40°, acompañada por una húmeda arriba del 80 %.
En las últimas horas la Procuraduría General de Justicia del Ministerio Público de Río de Janeiro emitió una recomendación e intimó al consorcio Fla-Flu (Flamengo-Fluminense) para que ceda el Maracaná.
Arena da Amazônia, Manaos, el posible estadio mundialista para albergar el partido.
