La piel es la barrera hidrolipídica que nos protege de las agresiones externas, por lo que debe estar sana para ejercer su función. Usar la mano para pasar el jabón al bañarse, sobre todo si se hace con mucha frecuencia, es suficiente para arrastrar cualquier rastro de suciedad o de sudor que se pueda acumular.
Respecto a quienes prefieren usar esponjas para tal fin, hay que tener en cuenta que pueden ser un caldo de cultivo ideal para alojar bacterias e, incluso, moho, ya que se suelen guardar en la misma zona de la ducha o el baño y no se enjuagan o se secan adecuadamente. En este sentido, se aconseja enjuagarlas bien y dejar que se sequen al sol después de cada uso, o lavarlas con ingredientes naturales como el vinagre o el bicarbonato.

Tanto el sol como estos productos tienen una acción bactericida. Como no siempre se tiene tiempo para esta tarea o se olvida, es recomendable cambiarla cada mes. Aunque la guardes en una zona del baño sin usarla a diario, las bacterias la encuentran como el lugar ideal para reproducirse y proliferar.
