No todos los ambientes de una casa presentan las mismas condiciones. Mientras algunas habitaciones se mantienen secas durante todo el año, otras parecen concentrar humedad con facilidad, algo que puede manifestarse a través de olor a encierro, vidrios empañados o manchas en paredes y techos. Detrás de estas diferencias suelen intervenir varios factores relacionados con la ventilación, la temperatura y el uso cotidiano de cada espacio.
Uno de los aspectos más importantes es la circulación del aire. Cuando una habitación permanece cerrada durante muchas horas o tiene pocas posibilidades de ventilación, el vapor de agua generado por actividades diarias como ducharse, cocinar o incluso respirar tiende a permanecer en el ambiente en lugar de renovarse con aire exterior.

La orientación de la vivienda también puede influir. Los espacios que reciben menos sol suelen mantenerse más fríos y eso favorece la condensación de la humedad sobre distintas superficies. Por ese motivo, algunas habitaciones presentan este problema con mayor frecuencia durante el invierno.
