A la hora de preparar una ensalada, existe un descuido bastante común que puede hacer que las hojas pierdan textura, se vuelvan blandas y luzcan menos apetitosas en cuestión de minutos: condimentarlas demasiado tiempo antes de servirlas.
La lechuga, la rúcula, la espinaca y otras hojas verdes contienen una gran cantidad de agua en su interior. Cuando entran en contacto con ingredientes ácidos o con la sal, comienzan a liberar parte de esa humedad y a perder firmeza.

Imaginemos una ensalada preparada una hora antes de la comida. Al principio luce fresca y crocante, pero con el paso de los minutos las hojas empiezan a cambiar de aspecto. El aderezo actúa sobre su superficie y favorece la pérdida de agua. Como consecuencia, la textura deja de ser crujiente y las hojas pueden adquirir una apariencia más marchita.
