Un gol puede cambiar por completo el ánimo en cuestión de segundos. La tensión desaparece, aparecen los gritos y el cuerpo reacciona casi de manera automática. Aunque para el hincha se trate simplemente de una celebración, detrás de esa sensación de euforia intervienen distintos procesos del cerebro.
Durante un partido, la expectativa mantiene al organismo en estado de alerta. El cerebro permanece atento a lo que ocurre y evalúa constantemente las posibilidades de que algo importante suceda. Cuando finalmente llega el gol, se produce una especie de recompensa inmediata.

En ese momento interviene el sistema de recompensa cerebral, relacionado con la motivación y el placer. La liberación de dopamina contribuye a generar una sensación de satisfacción y bienestar, especialmente cuando el tanto llega después de varios minutos de tensión o cuando modifica el resultado del partido.
