No siempre hay ardor ni acidez. El reflujo silencioso puede manifestarse con tos persistente, ronquera, carraspera o insomnio, y muchas veces se confunde con otras afecciones.
A diferencia del reflujo gastroesofágico clásico, el reflujo laríngeo-faríngeo, conocido como reflujo silencioso, no siempre causa ardor en el pecho ni sensación de acidez. Esto lo vuelve más difícil de detectar, aunque puede afectar distintas funciones, como la respiración, la voz o el descanso.
Ocurre cuando los ácidos del estómago suben por el esófago y llegan hasta la laringe o la faringe, generando inflamación en zonas sensibles que no están preparadas para soportarlos.
