No todas las personas funcionan bien a la misma hora. Hay quienes están lúcidos temprano y otros que recién se activan cuando el día ya avanzó. Sin embargo, la mayoría de las rutinas sociales responden a un único modelo de tiempo que no siempre coincide con el ritmo interno de cada cuerpo.
Ese desajuste genera una sensación difícil de nombrar: hacer todo “a horario”, pero sentirse fuera de eje. El reloj interno, también llamado ritmo circadiano, regula funciones básicas como el sueño, la energía, el apetito y la concentración. Aunque tiene cierta flexibilidad, no se adapta del todo a imposiciones externas. Cuando se lo fuerza de manera sostenida, aparecen señales de desgaste.
Muchos viven en un estado de jet lag permanente. Se levantan cuando el cuerpo aún no terminó de activarse o intentan rendir cuando la energía ya bajó. No es falta de voluntad ni desorganización: es un choque entre tiempos biológicos y tiempos sociales.
