Una conversación que salió mal, una respuesta que llegó tarde o una decisión que, vista en retrospectiva, podría haberse tomado de otra manera. A veces, situaciones relativamente pequeñas regresan al pensamiento una y otra vez, incluso cuando ya no es posible modificarlas. Esa tendencia a repasar errores pasados forma parte de un mecanismo mental bastante habitual y está relacionada con la manera en que el cerebro procesa la información relevante para el aprendizaje y la adaptación.

Las experiencias que generan emociones intensas suelen dejar una huella más marcada en la memoria. Cuando una equivocación provoca vergüenza, frustración o arrepentimiento, el episodio puede adquirir una importancia especial y ser recuperado con mayor facilidad que otros acontecimientos cotidianos que pasaron inadvertidos.
También influye el llamado pensamiento repetitivo o rumiación, un proceso mediante el cual la mente vuelve sobre una misma situación intentando encontrar explicaciones, alternativas o respuestas que ya no están disponibles. Aunque en teoría este mecanismo busca aprender de la experiencia, en la práctica no siempre conduce a nuevas conclusiones y puede transformarse en un ciclo difícil de interrumpir.