Abrir un recipiente plástico y encontrar el aroma de una comida que estuvo allí hace días o incluso semanas es una situación bastante común. Salsas, cebolla, ajo o preparaciones muy condimentadas suelen dejar rastros difíciles de eliminar, incluso después de varios lavados.
Esto ocurre porque el plástico es un material que puede retener pequeñas partículas y compuestos aromáticos en su superficie, especialmente cuando se utiliza de manera frecuente o se expone a alimentos con olores intensos.

Cuando el lavado habitual no alcanza, una alternativa sencilla consiste en usar bicarbonato de sodio, un producto es ampliamente conocido por su capacidad para ayudar a neutralizar olores.
