El queso rallado es uno de esos ingredientes que suelen estar siempre a mano para acompañar pastas, gratinados o distintas preparaciones. Sin embargo, una vez abierto el envase o rallado el producto en casa, conservarlo correctamente se vuelve fundamental para mantener su sabor, textura y calidad durante más tiempo.
El exceso de humedad favorece el deterioro de muchos alimentos, y éste no es la excepción. Cuando se almacena en recipientes mal cerrados o entra en contacto con condensación, puede perder textura e incluso desarrollar moho más rápidamente.
Por eso, resulta recomendable guardarlo en un recipiente hermético o en una bolsa con buen cierre, minimizando la exposición al aire y a la humedad de la heladera.
