La respiración por la nariz es la forma más eficiente de incorporar aire al organismo, ya que permite filtrarlo, calentarlo y humedecerlo antes de que llegue a los pulmones. Sin embargo, cuando una persona respira por la boca durante períodos prolongados, ya sea por congestión nasal, alergias u otras causas, pueden aparecer distintos cambios que afectan el bienestar.
Uno de los efectos más frecuentes es la sequedad en la boca y la garganta, ya que el aire ingresa sin pasar por el proceso de humidificación que realiza la nariz. Esto también puede favorecer el mal aliento y generar mayor incomodidad al despertar.

Además, respirar por la boca de manera habitual puede influir en la calidad del sueño. Algunas personas roncan con más frecuencia o descansan peor cuando mantienen este hábito, especialmente si existe una obstrucción nasal que dificulta la respiración normal.
