Las semillas cumplen un papel fundamental en la reproducción de las plantas, pero no todas las frutas las presentan de la misma manera. Mientras algunas contienen semillas grandes y muy visibles, otras tienen unas diminutas o incluso parecen no tener ninguna. Esta diferencia se debe a la forma en que se desarrollan los frutos y a las características de cada especie.
Las semillas se forman, por lo general, después de que la flor es polinizada y ocurre la fecundación. Su función es dar origen a una nueva planta si encuentran las condiciones adecuadas para germinar.
Las frutas sin semillas pueden desarrollarse por distintos motivos. En algunos casos son el resultado de procesos naturales, mientras que en otros se obtienen mediante técnicas de cultivo y selección desarrolladas a lo largo del tiempo para favorecer determinadas características, como ocurre con algunas variedades de uvas, sandías o cítricos.
