Con el paso del tiempo, un esmalte de uñas puede volverse más espeso y difícil de aplicar. Esto suele ocurrir porque parte de los componentes volátiles de la fórmula se van evaporando cada vez que se abre el frasco. El resultado es un producto más denso, que puede dejar capas desparejas, formar marcas o dificultar el pincelado.
Una de las opciones más recomendables para recuperar la textura es incorporar unas gotas de diluyente específico para esmaltes. Este producto está formulado para devolver fluidez a la preparación sin modificarla de la misma manera que otros líquidos. Conviene agregar pocas gotas, cerrar el frasco y mezclarlo suavemente antes de comprobar la consistencia.
Si todavía está demasiado espeso, se puede repetir el procedimiento de a poco hasta conseguir la textura buscada. Agregar demasiado diluyente de una sola vez puede alterar la fórmula y hacer que el esmalte pierda parte de sus características originales, por lo que es mejor avanzar gradualmente.
