Una mudanza, el regreso a la oficina, un cambio en los horarios laborales o la llegada de una nueva persona a la casa pueden modificar los hábitos de una mascota. Aunque estos ajustes forman parte de la vida cotidiana, los animales suelen apoyarse en ciertas rutinas para anticipar qué va a pasar durante el día. Por eso, introducir las novedades de manera gradual puede ayudarlos a adaptarse con mayor tranquilidad.
Qué conviene mantener estable
Cuando cambia la dinámica del hogar, no siempre es posible conservar todos los horarios, pero sí se pueden sostener algunas referencias. La alimentación, los paseos de los perros, los momentos de juego y el lugar destinado al descanso son puntos que conviene organizar dentro de una rutina previsible.
También es importante que conserve sus objetos habituales, como la cama, los juguetes y, en el caso de los gatos, el arenero ubicado en un espacio tranquilo y accesible. Los olores conocidos y los lugares donde suelen refugiarse pueden funcionar como referencias durante una etapa de adaptación.
